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“SORRY, BABY” (EE.UU., 2025), de Eva Victor

  • salva-robles
  • 10 mar
  • 2 Min. de lectura

 

A veces, el cine independiente que nos llega desde EE.UU. nos entrega películas sorprendentes, hermosas y que aúnan veracidad y ambición artística a partes iguales. “SORRY, BABY” es un regalo, un debut (de su protagonista, directora y guionista) extraordinario que entrega a los espectadores una obra en cuya mirada particular prima, sin que se contradigan, lo agudo y lo delicado. El tema central es difícil y complejo: la vida de una mujer después de una agresión sexual.

El guion opta por hacer una especie de viaje que va desde ese instante atroz (y que la directora ha rodado con una alucinante originalidad creando tensión/rabia/e impotencia sin que se vea ni oiga nada, pues todo está narrado en elipsis y fuera de campo) a la sanación (si no real, al menos supuesta y esperanzadora) después de la magulladura física y emocional sufrida. Y es ese viaje lo más estupendo de una película valiente, por momentos antipática o surrealista, con instantes maravillosos de humor negro e ironía descacharrante (muy a lo Phoebe Waller-Bridge: sí, exacto la autora de aquella maravilla que fue “FLEABAG”). A mí lo que más me ha gustado es cómo EVA VICTOR sortea el melodrama a lo pornografía sentimental para ofrecernos una mixtura de desahogo cínico con afecto y simpatía (es decir, TERNURA GIGANTESCA), una película que tiene su mayor acierto en la cantidad de humanidad que atesora dentro. Tanto es así, que la vi completamente emocionado y la acabé conmovido y removido a partes iguales. Y muy antentos a su arrolladora sinceridad.

Es una película elegante en fondo y en formas. Estupendamente escrita (veo destreza maravillosa en su trazado narrativo) y también interpretada (ojo a los personajes secundarios, que son varios, excelentemente trazados y mejor interpretados). Y esa elegancia se percibe gracias a su tono, que le da a todo el conjunto una personalidad única y sorprendente, gracias al talento de una cineasta que debuta a lo grande y a la que habrá que seguir en aquello suyo que nos venga a partir de ahora. Una artista a la que se le ve una voz propia y diferente y que es difícil de describir, así que lo mejor es ponerse a ver la película y que cada uno la disfrute desde su propio ánimo, su oportuna predisposición y sus convenientes apreciaciones. Pero yo ya lo digo: verla es toda una experiencia extrasensorial, anímica y emotiva.

Posdata: hacía tiempo que no se me saltaban las lágrimas (en alguien como yo que tiene expatriado el llanto) en una de las escenas más inteligentes y profundas que he visto en mucho tiempo: esa en la que la protagonista explica (alerta: ¡spoiler!) por qué no ha denunciado al agresor. UF, uf y uffffffff.

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