"EL VERANO QUE ME DEBÍA"
Me debía este verano. No a otro, ni al mundo. A mí. No ha hecho ruido. Ha sido un verano sin prisa, ajeno a la tiranía de los planes y de los kilómetros, cuantificable únicamente en el lento pasar de las páginas y en el fulgor tardío de una pantalla que se apaga. He permanecido. Y en esa permanencia, he regresado a mí mismo. Al fin, sin culpa, me he entregado a lo que me constituye, a lo que me entretiene y me restituye: el ejercicio callado de habitarme. He leído mucho. Muc





















