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TRILOGÍA DE OSLO

  • salva-robles
  • hace 2 días
  • 3 Min. de lectura

TRILOGÍA DE OSLO

Compuesta por las películas dirigidas en 2024 por el director noruego Dag Johan Haugerud

 

1.- “AMOR EN OSLO” (Noruega, 2024), de Dag Johan Haugerud

2.- “SEXO EN OSLO” (Noruega, 2024), de Dag Johan Haugerud

3.- “SUEÑOS EN OSLO” (Noruega, 2024), de Dag Johan Haugerud

 

Son tres películas que se pueden ver de manera independiente y en el orden que quieras (las tres están ya en la plataforma FILMIN). Están interconectadas de manera muy sutil, pero y sobre todo, porque tienen la ciudad de Oslo como espacio metafórico para hablar de los diferentes temas que las películas proponen mientras los personajes se mueven por diferentes lugares de la capital noruega.

Son tres películas que apuestan de manera brillante por el drama íntimo que se acoge a la realidad más directa de cualquiera de nosotros. Vemos a los personajes en situaciones mundanas del ahora (y que se alejan de los asuntos filosóficos que nos han preocupado siempre) para mostrar sin tapujos (y con una ironía y un humor maravillosos) todas esas cosas que nos pasan y que son, aparentemente, triviales, aunque detrás se cuezan nuestros principales desasosiegos. La vida y algunas de sus certezas estallan en la pantalla de una manera sutil y muy sencilla, tal y como ocurría en el cine de Eric Rohmer (sí, esta trilogía es muy rohmeriana), por eso vemos a los personajes en interminables (y deliciosos) diálogos a los que el director les coloca una etérea capa de pintura de tonos existencialistas (el diálogo, también, como zona para intentar encontrar las certidumbres). Apenas hay acción, lo que aquí cuentan son los pequeños trozos de vidas capturados en instantes banales, pero llenos de trascendencia. Y detrás de todo, las tragedias cotidianas de los seres humanos aparecen radiografiadas con una intimidad tan hermosa como resplandeciente que me recuerdan, cómo no, a otros grandes autores nórdicos como Kousmanen, Trier o Kaurismäki.

El minimalismo es otro rasgo de estas películas. Y de ese minimalismo emana la meditación sobre estilos de vida basados en la simplicidad. Por eso, en la puesta en escena se reducen los elementos innecesarios para enfocarse en lo esencial (el ser humano). De ahí que la fotografía esté también al servicio del conjunto, una fotografía de líneas limpias, con colores neutros y espacios funcionales para mostrar la vida cotidiana.

La trilogía se inaugura con “Sexo en Oslo (Sex)”, que aborda la sexualidad y las normas sociales a través de personajes que discuten y cuestionan sus propias vidas. En “Amor en Oslo (Love)” se examinan las ataduras afectivas y las relaciones de pareja del siglo XXI. Y “Sueños en Oslo (Dreams)” cierra la trilogía profundizando en las dinámicas de poder, el deseo y la búsqueda de identidad.

El tono irónico de las tres películas y su honestidad temática destacan sobre todo lo demás (además de tener a un hermoso grupo de actores en estado de gracia y en actuaciones marcadas por la naturalidad y la verdad: todos parecen vecinos que nos podríamos cruzar cada día en el portal de casa o en el ascensor de nuestros edificios). Las tres películas, de una forma u otra, dialogan entre sí y ponen una mirada que cuestiona (de forma definitivamente empática) nuestro deambular contemporáneo a través del retrato de la clase media noruega (y, por ende, europea). Una clase media captada en un estado de bienestar ambiguo y en el que las altas expectativas quedan en entredicho cuando en nuestras mentes y en nuestros corazones se debaten los miedos, las utopías, las carencias o privaciones, los espectros y/o las intranquilidades.

Me lo he pasado pipa mientras hurgaba (con mi mirada cinéfila y voyeur) en la vida de todos los personajes de las tres películas. Creo que este director noruego se ancla en un cine muy bermagniano, pero siempre con tono amable. A mí me parece un usufructuario de ese cine nórdico tan apegado siempre al ser humano. Y la trilogía, en su conjunto, me ha parecido una hechicera suposición de nuestros ahoras. Un retrato urbano muy fiel a cómo nos encontramos y que se descubre a través de personajes tremendamente honestos y que hablan sin tapujos y con cero discurso alegórico: aquí ellos van al grano de lo que sienten y les ocurre. Pero, cuidado, esa aparente sencillez con la que se muestra todo no está exenta de rugosidades narrativas múltiples y de capas repletas de subtextos. En definitiva, un cine que me hace amar aún más el cine. Y me quedo, sobre todo, con su enorme humanidad y con esa abrumadora honestidad que hay detrás de cada una de las tres películas. Bravo, bravo y bravo. Quiero más cine de este director. Estaré atento a lo que venga suyo a partir de ahora.

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