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“ASESINATO EN EL MOLINO DEL CURA”, de Arantza Portabales

  • salva-robles
  • 7 jul
  • 3 min de lectura

“ASESINATO EN EL MOLINO DEL CURA”, de Arantza Portabales

AÑO: 2026

PÁGINAS: 392

GÉNERO: novela negra

 

Qué bien me lo paso (pero que muy bien de genial) siempre que leo a Arantza Portabales. Es el cuarto libro de ella que cae entre mis manos y lo devoro en un pispás, tan enganchado a la trama como a los personajes que la atiborran de misterio y humanidad. Esta vez me he encontrado su novela más oscura, más violenta, más cruda, más bestia y con personajes más impíos, ambiguos y desoladoramente heridos.

Tienen algo las novelas de Portabales que las convierten en novelas de género muy particulares, pues lleva el misterio y las intrigas a espacios naturales, cercanos, aquí muy rurales y asequibles que convierten sus tramas en historias que parecen reales, sucedidas en cualquier pueblo de la España profunda, esa España enferma que salía, por ejemplo, en las noticias de EL CASO (el semanario de sucesos que se convirtió en un fenómeno sociológico que reflejaba la crónica negra, los crímenes más escabrosos y los misterios de una España gris bajo la dictadura franquista; solo que en el caso de Portabales los sucesos ocurren en esta nuestra España democrática -o casi democrática a tenor de los tiempos que corren y se avecinan-).

Pero también, como ocurre en “ASESINATO EN EL MOLINO DEL CURA”, la historia que se inventa la cabecita de Portabales no se limita a la investigación de un crimen con los dos típicos hilos paralelos (uno: el misterio del delito, y dos: el proceso lógico de deducción para descubrir al culpable), sino que se expande en temas y profundidades y ensancha, de esta manera, el género negro añadiendo elementos de la novela psicológica, la novela crítica o la novela social, pues hay en ella diversos planteamientos, que suman al todo y logran una novela total exhaustiva y bastante completa. Por ejemplo: la trama funciona como crítica a la violencia estructural ejercida contra el género femenino cuando desnuda las disconformidades y los despotismos normalizados por el patriarcado y por las tradiciones de esas zonas semiolvidadas de la España inmóvil de siempre (aquí un pueblo costero de Galicia). Otro ejemplo: el peso de los secretos familiares da un tono psicológico y bastante asfixiante y opresivo a una novela que también nos habla de nuestra memoria (o nuestros recuerdos) como vehículo para la supervivencia, pero aquí, además y sobre todo, funciona como amenaza: reconstruir nuestro pasado puede contener nuestro peor chantaje o miseria. Y un ejemplo más: los secretos familiares aquí se basan en relaciones siniestras (qué miedo dan las tres hermanas solteronas que padecen esa tremenda enfermedad que es la infelicidad y que la disfrazan a base de hipocresía social y de una intimidación salvaje y bastante insondable).

Pues además de todo lo anterior, “ASESINATO EN EL MOLINO DEL CURA” tiene a una escritora que sabe manejar con maestría el misterio, dosificándolo a base de pistas y giros argumentales (trucos que funcionan sin dañar la coherencia y la verosimilitud o el realismo); añadamos el ritmo de la prosa, que le da una atmósfera a la novela de acento adictivo (capítulos cortos que se engullen) y una frescura narrativa (con doble plano temporal: el presente y el año 1984) que mezcla personajes heterogéneos (una galería amplia y muy buena de seres de ficción con fuerza humana) que dan lugar a un retrato verosímil de nuestras mierdas en el hoy.

Es de esas lecturas perfectas para el verano o para cualquier otro momento del año en el que uno necesita evasión, la mente relajada y el ánimo puesto en bucear en literatura juguetona, literatura bien trazada y literatura voyerista (sí, esa que sabe penetrar en situaciones privadas, íntimas, de seres humanos que viven, sienten y realizan actos que nosotros no quisiéramos vivir, pero que nos congratulan con esas partes oscuras que todos tenemos dentro y que podríamos denominar como morbo y atracción hacia acontecimientos desagradables, crueles, prohibidos o escabrosos. Lo que mi madre denominaba: fascinación por nuestras partes turbias). Pues en esta novela hay sobredosis de todo eso. Ea.

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