"HOTEL VAIM", de Jon Fosse

“HOTEL VAIM”, de Jon Fosse
AÑO: 2026
PÁGINAS: 157
GÉNERO: novela
El ganador del Nobel en 2023 dice que su literatura “es escribir el silencio”. Y no se me ocurre mejor definición para hablar de lo que me hacen sentir sus libros cuando los leo. Su estilo literario es pura técnica del vaciamiento para que aparezca (oh, milagro) lo inenarrable, lo que no sabemos decir. Entrar en cualquiera de sus novelas (u obras teatrales) es como sentir que la que escribe es la conciencia de alguien. A través del minimalismo lingüístico, Fosse alcanza algo que si no es misticismo yo no sé entonces qué es, pero desde luego algo que se le parece mucho. Es un autor que reduce el lenguaje al mínimo para ampliar el silencio al máximo y es en ese silencio donde el lector siente lo que las palabras no pueden decir.
Y para lograrlo tiene mucho que ver cómo construye la frase, cómo edifica los párrafos. Su modus operandi es la repetición y la variación mínima. Una misma frase vuelve una y otra vez con un cambio casi imperceptible y esa insistencia crea un ritmo que es como leer una partitura musical que apenas hace avanzar el argumento. Y el lector lee en trance hipnótico, como si oyera la letanía de un rezo. Luego está esa sintaxis sin puntos que se convierte en flujos largos, sin capítulos, donde las frases se encadenan con la conjunción copulativa “y” para conseguir el efecto de que el tiempo no avanza, sino que gira una y otra vez. Su vocabulario reducido, las palabras simples y concretas sin adjetivos brillantes que las adornen (el adorno sería un coitus interruptus en su brillantez estilística) suman poco (que en realidad es mucho) para crear una especie de vacío que obliga al lector a proyectar su propia angustia (yo esto no sé explicarlo mejor, de verdad, pero es lo que siento al leerlo y me sale así al intentar explicarlo). En sus narraciones se elimina todo lo superfluo (por ejemplo, no conocemos el pasado de los personajes) para que queden dos fuerzas en tensión: el deseo de conexión y el miedo a la conexión.
Y esta extrañeza es la que pulula en su última novela publicada aquí (“HOTEL VAIM”), segunda parte de una trilogía iniciada con “VAIM”. ¿Y qué nos encontramos, además de lo que ya llevo comentado, dentro de su nueva novela? La premisa es puro Fosse: un hombre llega a un hotel sin tener claras las razones de su estancia y descubre que es, al menos en apariencia, el único huésped. Y ahí empieza el misterio. Ojo cuidao: que haya misterio no significa que esto sea un policial. El misterio es ontológico. Dentro nos encontramos un espacio cerrado (las cuatro cosas que se mencionan del pueblo, además del hotel) y una espera que no es sino la amenaza de que algo externo revele quién es ese personaje que acaba de llegar al hotel. El hotel es un no-lugar. Y aquí es la imagen perfecta de su tema central: estar en el mundo sin pertenecer del todo. Es el individuo aislado y despojado de todo contexto. El hotel también como metáfora de espejo que no devuelve el reflejo. Es un espacio vacío que comulga a la perfección con lo siniestro fosseriano.
Los recuerdos, la identidad y las cosas que conforman a las personas aparecen como temas centrales. La memoria como material inestable. El protagonista no recuerda para entenderse, recuerda y se pierde más. Y otra vez el espacio (el hotel y ese pueblo tan vacío) sirve para (des)escribir el silencio interior. ¿Podemos existir sin que otro nos confirme? Fosse en modo metafísico total. Un thriller tan atípico porque lo que desaparece no es una persona, es el yo.
Todo en esta novela recuerda a Kafka y a Beckett. Por estilo y por atmósfera. Atmósfera de misterio y de incomodidad. Pero toda esta solemnidad aquí viene disfrazada muchas veces de humor sutil y, por supuesto, desconcertante, y donde lo cotidiano se catequiza en una herramienta de dominio psicológico. Vaim funciona como un no-lugar o espacio liminal. Pasado, presente y futuro se confunden constantemente. El pueblo ejerce una fuerza gravitatoria que despoja a los seres humanos de su individualidad y del libre albedrío. Llegar a él es perder las certezas.
Y ya no digo más porque es mejor entrar virgen a esta novela y dejarte arrastrar por la potencia de un escritor único. Jon Fosse es el cartógrafo de las vidas no vividas, un autor que disuelve la trama tradicional para tejer partituras verbales que capturan el desasosiego, la espera y el eco del alma humana. Y para mí, uno de los autores más gigantes que he tenido el placer de descubrir.




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