“LA ODISEA” (Reino Unido, 2026), de Christopher Nolan
- salva-robles
- hace 6 horas
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A Nolan le ponen todos los millones que necesite. Una cantidad ingente de millones de dólares para que ruede, cada vez, una película casi más grande que la vida. Nolan es el Cecil B. DeMille del siglo XXI. Y sí, nos regala (casi) siempre películas cuyo diseño de producción no dejan lugar a dudas sobre su imperioso modo de rodarlas y siempre (esta vez sin el “casi”) regalándonos imágenes inolvidables precisamente por sus exuberancias técnicas. Excesos que nos dejan, también y gracias al lenguaje de la tecnología última y tan puntera como novedosa, momentos estelares que son pura esencia del cine. Todo esto es verdad y no podemos discutírselo ni a él ni a nadie. Y ponerse en contra de esto es de lelos, mira lo que te digo, tú.
También Nolan, como creador y guionista, es un artista que piensa en cada milímetro del metraje, en cada rincón de cada escena. Hay un trabajo previo de investigación del plano, de la secuencia; de cómo con el montaje se alcanza la suma de cada parte para conseguir un todo que se mimetiza hasta obtener algo muy parecido a la perfección técnica. Y con el guion hace lo mismo: aquí a su libre adaptación del clásico (y lo de “libre” hay que tenérselo muy en cuenta) pocos reproches se le pueden hacer, pocos (quizá los puristas me estén escupiendo ahora mismo porque siempre se olvidan de que la literatura y el cine usan los lenguajes con intenciones diferentes: uno masculla la imaginación y el otro la hace visible, respectivamente). Así que sí: esto es cine con una desbordante ambición. Cine deliberado y madurado en un cerebro hasta la extenuación. Pero…
…su cine tiene peros, claro. Precisamente esa obsesión planificadora es su principal hándicap (o así lo cree mi humilde opinión). ¿Por qué? Porque su cine, y en “LA ODISEA” le pasa otra vez, no emociona de tan calculado que es. Sorprenden, sí, sus aspectos exteriores y los ves con la boca abierta y flipando; pero lo que queda dentro es frialdad, una displicencia y un desapego que logra que yo no me conmueva en ningún momento. Que sí, repito: disfruto la parte visual y la concibo como nueva y hasta monumental en alguna de sus partes; pero el resultado final me deja tan frío que me noto perplejo y apático mientras se suceden los títulos de crédito finales y las luces de la sala mágica se encienden. Hubo aplausos de algunos espectadores (la sala estaba llena hasta rebosar) y a mí eso me dice muchas cosas (todas positivas) de la película. Pero yo me siento igual que cuando entré a verla, la película no me ha modificado nada en mi interior. Y eso que la historia de Odiseo, que es la historia de todas las historias, siempre me ha resultado maravillosa. Y esa maravilla está, claro, porque se parte del original. Pero Nolan se ha olvidado (concentrado en llamar la atención en lo externo y en lo técnico) de ponerle algo de alma a la peripecia del protagonista y a las agitaciones de, por ejemplo, Penélope o Telémaco. También noto la total ausencia del humor que se necesitaba en algunos momentos, como noto la casi total ausencia de los dioses cuya presencia (yo creo) es necesaria para contrarrestar las vicisitudes de los protagonistas terrenales y para establecer el estupendo debate que hay entre ellos (desde el Monte Olimpo) sobre el destino de los héroes. Lo místico de “LA ODISEA” literaria tampoco la veo por ningún lado. El resultado final es una narrativa demasiado contenida y demasiado cerebral y, por eso mismamente, hablo de película fría y sin alma que, en algunos tramos, nos regala ciertos diálogos un tanto risibles y poco cuidados. La grandilocuencia de algunos de ellos también produce esa sensación, porque los espectadores del siglo XXI no estamos preparados para escucharlos de la manera en la que Nolan los fija en el guion.
En definitiva, y una vez más, Nolan me ofrece un producto épico en logros técnicos que me deja con un regusto ambivalente: no he dejado de disfrutar su afectación y artificio artísticos, pero es una película que no me deja poso. Me ha gustado verla, le reconozco los esfuerzos y su ambición. Pero ya está.
CALIFICACIÓN: 8




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