MIS DOS PRIMEROS ACERCAMIENTOS A LA LITERATURA DE ELIZABETH STROUT
- salva-robles
- hace 1 día
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“OLIVE KITTERIDGE”
AÑO: 2008
PÁGINAS: 352
GÉNERO: novela
“LUZ DE FEBRERO”
AÑO: 2021
PÁGINAS: 368
GÉNERO: novela
Qué difícil es vivir siendo la sombra de lo que en realidad nos hubiera gustado ser. Y más complicado aún si en tu ADN llevas incrustada la falacia esa tan del otro lado del Atlántico del “gran sueño americano”, mientras te aplasta la publicidad impertinente y atosigadora (y castradora y también tan estadounidense) que te meten hasta en la sopa y que lo que vende es que hay que ser fuertes, exitosos y positivos. Mostrar solo tus virtudes y tus fortificaciones al mundo. O sea, vivir en la sombra, como diría el psicólogo suizo Carl Gustav Jung.
Ni uno solo de la amplia galería de personajes que aparecen en las dos novelas de madame Strout vive sin “esa sombra jungiana”. Lo magistral de ambos libros es cómo la autora radiografía la esencia americana para destapar las debilidades, las limitaciones y los miedos en las experiencias humanas de cada una de sus criaturas de ficción. Para un estadounidense medio debe ser una tortura leer estos libros poniendo conciencia en la realidad que se muestra. O un ejercicio de valentía leerlo para aceptar la verdad fotografiada que no para de darte puñetazos a diestro y siniestro. Ay, qué gigantesca tristeza vivir negando aquellos aspectos nuestros que no se ajustan a las normas o a la idea de éxito y reprimirlos relegándolos a esa parte oscura de nuestro inconsciente (la sombra, de nuevo). Pero Elizabeth Strout da puñetazos con inteligencia usando la empatía como rasgo distintivo de una narradora que no está dispuesta a lacerar gratuitamente. Y de ahí surgen los momentazos narrativos en los que la ironía, el humor o la ternura estallan entre las páginas no para dulcificar la crítica, sino para (y sobre todo) hacerla más llevadera y soportable. Percibo en esta forma de escribir una manera de darle otro enfoque (para mí innovador) al desengaño humano, que es, sin duda alguna, el gran tema de ambas novelas.
La estructura es muy particular: “OLIVIA KITTERIDGE” y su continuación “LUZ DE FEBRERO” juegan a la fragmentación narrativa (o relatos enmarcados): cada capítulo se enfoca en uno o varios personajes que tienen como nexo de unión a la auténtica protagonista (la Olive del primer título) y a una población costera de Maine llamada Crosby donde habitan casi todos ellos (el aburrimiento de ese lugar sería otro de los grandes personajes). El resultado es un RETRATO esperpéntico, pero muy humano, de una vida cotidiana que se describe como pocas veces he visto yo en otros autores. Aquí importa lo nimio, lo trivial del día a día; y es, precisamente, en lo más insignificante y aburrido donde la vida estalla para que veamos los rincones más hondos de la condición humana. El latido de la existencia está en lo banal y esa banalidad cotidiana se respira absolutamente dentro de los dos libros; así, sentimos, palpamos y olemos las casas, los sobacos, la ropa, las comidas o los restaurantes que se describen. Es alucinante esa detallada observación que nos regala la autora porque detrás nos explotan los temas tratados y que se podrían resumir en unos pocos: qué significa envejecer, la muerte, la tristeza, el amor desfigurado por las películas Disney, la necesidad de seguir sintiéndose vivos, las enfermedades, los hijos y, por detrás revistiéndolo todo, el desengaño vital (que sería como gritar: “Escribir sobre gente feliz no tiene ningún sentido”). Pero, ojo cuidao, la esperanza siempre asoma sus patitas porque Strout no se olvida nunca de recordarnos que, como seres humanos que somos, en ella está nuestra naturaleza y nuestra salud como vía de redención y que nos humaniza. La esperanza como un don, nos grita la escritora estadounidense, esa que nace, es verdad, en los sitios de las pérdidas, en las opresiones cotidianas y en las contrariedades y desencantos vitales.
He alucinado con las gigantescas sutilezas desplegadas en ambas novelas. En ellas he visto (y comprendido un poco) la Norteamérica del hoy. He podido empatizar con lo que me repele por prejuicios y por desconocimiento. Detrás de algunas mierdas, puede que haya un ser humano gritando algo que se nos escapa o que inconscientemente no queremos (o no podemos) ver. Mi hambre de vida se ha agudizado aún más leyendo a esta mujer. Y, por supuesto, esto es solo un (magnífico y también esperanzador) comienzo, porque pienso adentrarme en más libros de Elizabeth Strout inmediatamente, pero ya de ya ahora mismo. De hecho, han tocado al timbre de casa y eso significa que el cartero o la cartera me traen un regalo.
Posdata: Olive Kitteridge es uno de los personajes literarios más gigantes que yo me he topado en mi vida lectora. Y esto lo digo gritándolo si hace falta.




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