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“LA EDAD DE HIERRO”, de J.M. Coetzee

  • salva-robles
  • hace 2 horas
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“LA EDAD DE HIERRO”, de J.M. Coetzee

AÑO: 1990

PÁGINAS: 223

GÉNERO: novela

 

J.M. Coetzee es el escritor ascético por excelencia. Su escritura se caracteriza por una sobriedad que abdica de los adornos redundantes o que sobran. Su sintaxis va a lo esencial, así la prosa que nos regala aparece siempre como depurada, mientras busca la finura honesta, espiritual o moral. Todo ello no le impide profundizar, sobre todo (en lo temático), en analizar la sociedad sudafricana y en explorar (como pocos autores lo logran) la condición humana (por cierto, creo -no lo recuerdo de memoria- que algo así dijeron los de la academia sueca cuando le entregaron el Nobel en 2003). No nos olvidemos de que la literatura de este autor sudafricano atesora una fuerte carga filosófica mientras habla de la fragilidad humana y de los humanos opresores, recargando las situaciones que describe de una crueldad verídica que incomoda por la lucidez que se percibe en las intenciones narrativas.

LA EDAD DE HIERRO” es una perfecta muestra de todo lo que llevo dicho. Una muestra, además, estremecedora a la hora de describir lo cotidiano en la Sudáfrica del apartheid de los años 80 del siglo XX. La novela toma forma epistolar (una larga carta de una madre con cáncer terminal a una hija que emigró de Sudáfrica a EE.UU. huyendo de las crueldades). En esa demoledora, durísima y esclarecedora carta, la protagonista (profesora blanca jubilada) recapacita, rumia y repasa la ferocidad política y la inclemencia de algunos especímenes humanos y esas reflexiones las hace desde la culpa del privilegio de ser blanca. Así, la fantástica novela describe con enorme y desasosegante verdad la amoralidad de una nación enferma y desgastada (utilizando la metáfora de la enfermedad de la protagonista para ello). El resultado es la radiografía espeluznante de una sociedad cruel (y tan inhumana) que tiene el corazón absolutamente endurecido. En este sentido, la novela de Coetzee es un grito silencioso recargado de crítica directa y puñetazo estomacal en la conciencia de los lectores.

El autor sudafricano juega con la alegoría y la parábola como subgéneros narrativos y con los símbolos a través de los personajes centrales: la señora Curren personifica la mala conciencia, la angustia vital por culpa del régimen del apartheid; el vagabundo negro (que se llama Vercueil) representa un doble papel: el de ángel de la guarda, pero también el que recuerda a la protagonista la realidad brutal del exterior; y, por último, está el personaje de la hija que es la destinataria de la carta (y que no sale nunca -y que parece por ello mismo una efigie fantasmal-, pero es sumamente importante): ella simboliza la huida y la distancia. Y esa parábola funciona a la perfección porque Coetzee es un maestro (uno de los grandes de la literatura universal) a la hora de hablar de la realidad externa, pero lo hace departiendo desde su propio interior para explicarnos su impotencia, lo que siente ante la tragedia que hierve en sus alrededores. En realidad, parece que él se considera un culpable inocente y utiliza la literatura como denuncia y como redención en busca de algo de justicia y reparo.

“LA EDAD DE HIERRO” es una novela que vocifera desde la lucidez de un narrador tan inmenso como importante. Un escritor que nos regala siempre una especie de visión mítica de la realidad. Su literatura es una de las más profundas e importantes de la historia. Un escritor al que acudo cada cierto tiempo para recomponerme y recolocarme en esos sitios que pierdo cuando la vida cómoda me ciega ante la realidad que nos circunda.

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