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“NUESTRAS VELADAS”, de Alan Hollinghurst

  • salva-robles
  • hace 5 días
  • 3 Min. de lectura

“NUESTRAS VELADAS”, de Alan Hollinghurst

AÑO: 2024

PÁGINAS 511

GÉNERO: novela

 

Han transcurrido nueve años desde la última novela publicada aquí en España de este excelente escritor británico. No se prodiga mucho, de hecho, tiene escritas siete novelas en treinta y ocho años de carrera literaria. E imagino que se prodiga poco porque se percibe siempre una escritura obsesionada con la meticulosidad y de ahí que le veamos esa prosa precisa y repleta de esteticismo en cada frase. El dominio del lenguaje en Hollinghurst es prodigioso y uno tiene la sensación, mientras lee sus libros, de estar ante un escritor sutil y ante un agudo observador del mundo.

En su última novela (“NUESTRAS VELADAS”) vuelve a los temas que le obsesionan y a una estructura narrativa similar a otras obras suyas. No es que se repita, porque argumentos, intenciones y personajes no tienen mucho que ver de unas a otras, pero sí se nota (como les pasa a muchos artistas) un sello personal (e intransferible por único). Y veo ese sello en cómo deja siempre la trama en un segundo plano para regodearse en el ritmo de la prosa y en las atmósferas que esas mismas frases crean y que parecen estar, además, repletas de armonía musical, una armonía que construye un ritmo siempre calmoso (algo que puede echar para atrás a muchos lectores impacientes). Pero para mí, esa calma es pertinente, pues permite una reconstrucción emocional mucho mayor.

Como en otras novelas suyas, aquí la historia abarca un amplio periodo de tiempo (de hecho, se cuenta la vida de su protagonista, Dave Win) y así se reconstruye más de medio siglo de cambios sociales en la Gran Bretaña contemporánea. Recurre (y rinde homenaje) a la tradición de la novela clásica británica al manejar técnicas como las de la saga familiar o el recurso de las memorias ficticias, que es lo que narra aquí su protagonista, un personaje masculino gay (otra recurrencia hollinghurstiana) sobre el que vamos a conocer su vida, sus aspiraciones y sus relaciones familiares, amorosas o profesionales. Y mientras nos narra su vida, la novela indaga y examina (con sagacidad e intuición supinas) temas variados que tienen que ver, sobre todo, con la evolución de la sociedad inglesa y sus funcionamientos. Pero lo genial en este autor es cómo explora en las agitaciones, en los apegos y en los deseos de sus personajes, no solo en los del protagonista, sino también en una galería maravillosa de personajes secundarios construidos con conmovedor talento en eso de radiografiar al ser humano con la técnica del bisturí en mano, tal es la penetrabilidad que logra en la psique de los entes de ficción que pululan por la novela. Conocemos a los personajes poco a poco, a base de perspicacia, ternura, empatía y sin prejuicio alguno. Hollinghurst no los juzga nunca, los deja nacer y crecer y respirar a base de talento narrativo en eso de edificar una prosa audaz, parsimoniosa y frugal en detalles, en principio insignificantes, pero que acaban acumulándose para lograr un todo hermoso y colmado de vida auténtica.

Leer a Hollinghurst es entrar en un mundo literario donde el lector es tratado como adulto y hasta como adulto con vasta cultura. Su prosa (como muchos de sus personajes) es elitista. No hay trucos ni engañifas ni situaciones cliché: la realidad estalla en cada página tal y como es y el escritor británico la muestra con elegantísima profundidad. Sus novelas (y esta última también) están empapadas de melancolía, son conmovedoras y muy sensuales en variados momentos. La comedia surge siempre por algunas esquinas y así los dramas vitales narrados se tornan más aceptables y comprensibles.

Y luego está el uso magistral de la elipsis, que logra que el tiempo sea en esta novela una gran metáfora, pues deja de ser una simple cronología de hechos y pasa a representar conceptos abstractos y estados emocionales o la forma en la que los humanos percibimos la cotidianidad. Así, las elipsis también consiguen (con sus saltos y pausas) decir más que las propias palabras.

Hay algo en “NUESTRAS VELADAS” que se percibe como un cambio de perspectiva en la literatura de Hollinghurst, pues, a diferencia de protagonistas anteriores suyos, aquí el personaje central es de origen humilde y de padre birmano y esto permite al autor hablar de temas que no estaban antes: clase y raza frente al sistema de élites británico.

En definitiva, una novela hermosa que saca petróleo de gozosa lectura gracias a sus ambiciones literarias, que son muchas. Una obra que emociona paulatinamente, que tiene momentos concretos y un gran final conmovedores. De esos para los que no estás preparado, pero que te salpican anegándote el alma de agitaciones variadas. Un libro que es de esos pocos que nos llegan, los lees y los cierras y sonríes mientras mueves la cabeza afirmativamente diciéndote en voz baja: qué gustoso viaje me acabo de pegar.

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