• salva-robles

"AMMONITE", de Francis Lee


(Reino Unido, 2020)


Qué pena. Es una de esas películas que de partida parece tenerlo todo para dejar un recuerdo imperecedero en las retinas del espectador. Un diseño de producción preciso y precioso (fotografía, vestuario y dirección artística de calidad) y unas actrices que siempre están inmensas.

Pues no.

Falla el guion, que no es preciso ni en los detalles ni en las elipsis que podrían dotar de inteligencia y fuerza a la historia que se narra. Nunca logra describir en profundidad a los personajes y van pasando los minutos y el espectador nota que algo falta, que siempre hay inexactitud en casi todo. Falla la dirección, que acaba siendo un trabajo demasiado frío de tan calculado y jamás se deja arrastrar por la pasión que se supone que quiere narrar. Y falla la química entre dos actrices solventes y maravillosas. Es una pena esto último porque el trabajo de Kate Winslet vuelve a ser estratosférico, impresionante y lleno de matices en gestos y miradas. Pero su partenaire no está a la misma altura y ninguna de las dos, cuando están juntas, logran que nos creamos las chispas que hierven en sus interiores cuando se enamoran. Un ejemplo: cuando se besan. Es imposible creer que ahí hay excitación, morbo, deseo, carnalidad. Y esas escenas lo necesitaban. No, la pasión no se ve, lo que se ve son postales íntimas en escenas muy calculadas para que parezcan atrevidas y, en realidad, no lo son. Da la sensación de que el director no ha logrado explicar a las actrices qué pretendía y qué significan sus personajes. Aunque Winslet lo intenta y su inteligencia interpretativa vuelve a lograr un personaje que es más memorable en la observación de los movimientos y gestos de la actriz que en el calado de lo que su rol representa y personifica.

Es una película demasiado atrapada en la propia idiosincrasia que quiere agarrar. Su formalidad es su propia trampa. Llega a ser tan fría que nunca logra alcanzar el interés emotivo del espectador. El abanico de relaciones femeninas podría haber sido interesantísimo y no, no lo es. Sólo hay apuntes, atisbos, roces e intentos.

No obstante y pese a todo, sólo por ver a Kate Winslet ya merece la pena visionar los 120 minutos de su metraje.

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