“AMOR”, de Hanne Ørstavik
- salva-robles
- hace 7 días
- 3 Min. de lectura

“AMOR”, de Hanne Ørstavik
AÑO: 1997
PÁGINAS: 169
GÉNERO: novela
¿Cuántas novelas han explorado temas como la incomunicación, la soledad y el amor maternofilial? Muchas, es cierto. Esta novela noruega (que ya ha cumplido 29 años desde que fue publicada) se centra en esos temas y esquiva su ausencia de originalidad temática haciendo un alarde narrativo que me ha noqueado como lector. La forma lo es aquí todo y esa forma conquista un fondo ya explorado, pero reconstruyéndolo de tal manera que parece nuevo.
Y la forma que utiliza es una trama doble y paralela en tiempo presente (se narran pocas horas de un día de la vida de dos seres humanos) que tiene como protagonistas a una madre soltera y a su hijo de casi nueve años. Pero esa forma, si no original al menos es curiosa e insólita, se reviste de una atmósfera que va siendo cada vez más opresiva a medida que la trama avanza. Y esa atmósfera no solo la dan los espacios (entorno frío dominado por la nieve invernal y metáfora clara de varias cosas), sino también la psique de los personajes principales (atrapados en una espiral de aislamiento e incomunicación y por eso mismo viven obsesionados por encontrar su lugar en el mundo en la escucha de otro y para eso hasta les vale cualquier ser humano con el que se encuentren). La construcción de secuencias paralelas y cortas logra que el lector nunca deje de lado a ninguno de los dos personajes centrales; es más: se consigue una angustia constante, pues la propia narración nos deja en ascuas y con la mente fresca para cuando la trama de cada uno continúe cuando le toque. “No te olvides de mí”, parece que susurran los finales de cada secuencia, que es otra manera (muy original) de mostrar la soledad de dos personajes logradísimos narrativamente hablando. Y ese mismo paralelismo nos metaforiza, claro está, dos vidas que, aunque situadas en un mismo plano y por más que se prolonguen, nunca se cruzan y mantienen la misma distancia entre sí (el amor equidistante, pues) y no se acercan ni se tocan, aunque compartan la misma dirección y/o pendiente. Y el lector percibe todo el rato un desasosiego descomunal que se acrecienta por la forma de escritura, pues no hay nunca separación entre las secuencias más allá de un simple punto y aparte. Estos recursos formales dotan de una extraordinaria sobriedad al conjunto ya que, en el caso de este “AMOR”, la historia nos sumerge en un universo hondo y complejo en el que los dos hilos narrativos cada vez parecen más apartados el uno del otro.
Otra curiosidad es que en esas 169 páginas parece no suceder nada, al menos nada extraordinario o relevante. Acaecen acontecimientos nimios de triviales que son o lo parecen y, sin embargo, hay una especie de in crescendo dentro de un ambiente atmosférico que va produciendo, a medida que pasamos páginas, una tensión mezcla de algo siniestro y de algo amenazante que se percibe sin que nunca se nombre nada. Algo que, por otra parte, produce un desasosiego enorme y tan logrado que finalmente uno cree estar leyendo una novela de terror psicológico.
El estilo de Hanne Ørstavik es sencillo y sobrio, de una ponderación sintáctica en la que las frases se suceden de manera templada. Es increíble cómo con esa candidez estilística se pueda crear una atmósfera tan inquietante, tan profunda en significados y, finalmente, tan desasosegante a la hora de mostrar la deriva de los personajes anegados de incomunicación. Y luego está el uso de la sustantivación y la adjetivación para que palpemos y sintamos el frío invernal y el frío de los corazones de esa madre y ese hijo o para que escuchemos los sonidos del silencio (de una carretera, de la noche, de la nieve cayendo…). Y, ay madre, ese final. Qué final. Uno de los finales de novela más demoledores que yo he leído nunca. Pero todo, todo absolutamente, en esta novela es cadencia, atmósfera y esplendente sencillez al servicio de una historia estremecedora, honda y tan emotiva como triste.




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