“AMOR Y MORRIÑA”, de Theodor Kallifatides
- salva-robles
- 7 abr
- 3 Min. de lectura

“AMOR Y MORRIÑA”, de Theodor Kallifatides
AÑO: 2020
PÁGINAS:
GÉNERO: novela
“Nadie es la suma de sus experiencias,
pero hay experiencias que no podemos olvidar”
Sexto libro que me leo de Kallifatides en lo que llevamos de 2026. Sigo disfrutando a raudales con este descubrimiento lector. Me enternece y me emociona leerlo siempre. Ahora en Amor y morriña nos habla de dos tipos de obstáculos: los que nos topamos al enamorarnos por primera vez y los que se topa un inmigrante en el país extranjero donde decide vivir. Seguramente, otra de sus novelas autobiográficas, aunque el protagonista se oculte en un yo literario que no se llama como él.
Su estilo no cambia: precisión lingüística (a ciencia cierta, esa exactitud le viene de escribir en un idioma que tuvo que aprender -el sueco- sin ser el suyo materno -el griego-), con frases sin adornos ni vocabulario complejo. Y esa precisión, que dibuja una prosa solo aparentemente sencilla, da como resultado una clarividencia sintáctica muy luminosa y un tono poético que se disfruta mucho por lo que tiene de enternecedor y de emocionante. Frases cortas, como descalzadas de retórica y muy directas, que consiguen que todo lo que narra tenga un peso emocional cuya hondura recala en la psique del lector de una forma empática y repleta de ternura, ya que lo que se trasluce, detrás de todo esto, es una humanidad que estalla a borbotones en cada página.
Y aunque en la novela se cuentan cosas muy serias y que nos resultan dolorosas (por la inexperiencia de los 20 años), lo mejor de Kallifatides es cómo logra el equilibrio emocional entre lo melancólico (por el país perdido), la ternura y lo humorístico, que deja paso a una tristeza soportable y hasta nutritiva. Así, vemos deambular (en su cotidianidad) a Christo (el protagonista) en constante confesión íntima, que distinguimos a través de una prosa cuyo tono es siempre el de la perspicacia profunda y hasta sensitiva. La conexión con el lector es inmediata, pues el tono confesional dibuja situaciones, sentimientos, ambientes y condiciones por las que hemos atravesado cualquiera de nosotros de maneras muy parecidas mientras estudiábamos en la universidad. ¿Quién no se ha enamorado una primera vez, quién no se ha enamorado de alguien que no nos convenía? Pero hay que añadir al contexto de la novela esas dificultades que atraviesa Christo al vivir todavía entre dos mundos (el que dejó en su país y el que se encuentra en el país extranjero). De esta manera, la novela explora lo que se vive en un proceso de inmigración (como el desconocimiento del idioma o adaptarse a una cultura diferente) o la soledad y el amor que se topa en el país nuevo.
Pequeñas pinceladas históricas (años 60 y 70 del siglo XX), sabiduría a cascoporro (el personaje central estudia filosofía y vive un momento crucial atravesado por el desasosiego existencial) y preguntas que obligan al lector a pensar, suman en una novela que, a través de conversaciones que tiene el protagonista con un grupo numeroso de personajes secundarios (todos riquísimos), es tan grande e intensa como lo es la vida. Una novela atravesada por la nostalgia, por la lucidez y por el abatimiento de un tiempo pasado, pero cargado de una verdad ineludible que nos hace crecer y, sobre todo, sobrevivir.
En definitiva, otra maravillosa novela de un escritor gigante.




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