"ANIMALES DOMÉSTICOS", de Marta Sanz

“ANIMALES DOMÉSTICOS”, de Marta Sanz
AÑO: 2003
PÁGINAS: 222
GÉNERO: novela
He llegado tarde a esta novela (es de 2003). Sí he leído mucho a su autora, pero de esta no tenía conocimiento hasta que me la topé buceando en la bibliografía y me llamó la atención la sinopsis y, sobre todo, me gustó y me inquietó (mucho) la portada (que me parece magnífica). Sí, muchas veces me compro libros atraído solo por la portada.
Me encantan las radiografías de la sociedad contemporánea cuando se hacen bien, cuando el autor sabe meterle ácido al retrato de las criaturas de ficción (que son de esas que nos cruzamos a diario por la calle o incluso cuando decidimos cruzarnos con quien nos refleja el espejo del cuarto de baño: ay, qué pocas veces nos atrevemos a mirarnos de verdad), cuando el escritor sabe explorar la insignificancia en nuestras cotidianidades, la falacia del sueño de la clase media o la institución familiar como gran mentira inoculada. Marta Sanz ha dado en la diana recreando una crítica cruel sobre los pilares de la clase media actual.
La novela es una representación cruda de seres humanos (interconectados directa e indirectamente) que sobreviven como pueden (más mal que bien, todo hay que decirlo) a las mentiras del individualismo y del bienestar socioeconómico que nos hizo creer la Unión Europea allá por los comienzos del nuevo milenio. Los veo a todos como lo que yo llamo “personajes periféricos”, es decir, personajes que han perdido su conciencia de clase y aspiran o creen vivir en “otro lugar” de la pirámide social. Y, claro, se topan a diario con que una cosa son los sueños y otra la realidad, de ahí que la novela describa una y otra vez la culpa y el resentimiento en el que se ahogan todos ellos. La mayoría ni se da cuenta, por eso el rencor es el aire que respiran sin saberlo. Lo mejor de la novela es que no da tregua, no miente al lector. No edulcora la realidad. Muy al contrario (y muy en la línea del realismo de Galdós), Marta Sanz nos ofrece un mosaico irónico y despiadado (sin sutilezas) utilizando un lenguaje quirúrgico que parece un microscopio inclemente y que sutura con precisión para desnudar las miserias humanas con ese tipo de veracidad que escuece.
El lector, no obstante, soporta el desagrado gracias a que la autora sabe contarlo todo con ironía y con un tono humorístico donde resalta el retintín, la puya y, en definitiva, la satirización. Así, el feísmo literario del que hace gala Marta Sanz se entronca con el esperpento valleinclanesco cuando asistimos a la animalización (simbólica) de los personajes. Todo dentro de esta novela (por ejemplo: las rutinas en el hogar, los físicos de los personajes, las obsesiones por la procreación…) está descrito con ese feísmo que incomoda y que aniquila toda presunción de embellecimiento o abstracción romántica.
Es una gozada la prosa de esta autora. Frases que en muchas ocasiones rozan lo aforístico se mezclan con juegos lingüísticos llenos de musicalidad burlesca o con párrafos repletos de crudeza en los que, de pronto, estalla un lirismo tan tenue como delicado.
Y, finalmente, destaco su estructura que juega con lo fragmentario y con la pluralidad. No hay linealidad en el sentido tradicional: las tramas avanzan con saltos, con interrupciones, con incisos y con descripciones que parecen cada una recuadros costumbristas de la vida cotidiana de un Madrid identificable.
Marta Sanz ya en esta obra primeriza ofrece una literatura insurrecta, aguda, de lenguaje enérgico y muy físico y que no regala una lectura cómoda porque el lector percibe todo el rato que lo están vapuleando.
POSDATA: he dicho al principio que he llegado tarde a este libro porque es de 2003, pero una vez más constato que a los libros no llegamos tarde, llegamos justo cuando él nos llama. Como decía Cortázar: "Los libros van a buscarte". Pues eso.




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