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“ELEGÍA PARA UN AMERICANO”, de Siri Hustvedt

  • salva-robles
  • hace 1 día
  • 3 min de lectura

Actualizado: hace 23 horas

“ELEGÍA PARA UN AMERICANO”, de Siri Hustvedt

AÑO: 2008

PÁGINAS: 411

GÉNERO: novela

 

De entrada, voy a destacar de la estupenda novela “ELEGÍA PARA UN AMERICANO”, algo que me ha llamado mucho la atención: Hustvedt escribe sobre la pérdida no como un acontecimiento, sino como un territorio en el que tenemos que aprender a vivir. Sobre cómo el duelo no cierra nada, sino que nos vuelve a abrir en canal. Y parte de algo que hacen todas las familias: CALLAR LOS SECRETOS. Y de ese silencio saca una novela que duele de forma lenta, sin drama, como duelen las cosas de verdad. Nadie habla en esta novela. Todos susurran, ocultan, recuerdan mal a propósito. Y ahí está el talento (inmenso) de Hustvedt: en hacer del silencio familiar el verdadero protagonista. Claro, la he leído emocionadísimo todo el tiempo, porque es de esas novelas que no te piden que sientas pena por sus personajes; te pide que te reconozcas en ellos. Y, aún así, no es una novela triste: es una novela que te reconcilia con la tristeza.

Aquí dentro, Hustvedt no te habla de la muerte de un padre. Te narra lo que pasa después, cuando abres sus cajones y te das cuenta de que no le conocías del todo. Pero la autora cruza el duelo personal con el duelo de un país. Mientras el narrador protagonista intenta recomponer a su padre muerto, afuera Estados Unidos intenta recomponerse después del 11-S (que aparece siempre como la sombra detrás de todo). Ambos fracasan igual.

ELEGÍA PARA UN AMERICANO” es un collage. Nunca es una novela lineal, sino una novela-archivo que es como funciona la memoria: a base de fragmentos inconexos (que van sumándose para crear la unidad final). Diarios del padre, notas de las terapias y fragmentos de las mismas (el protagonista es psiquiatra y psicoanalista), fotos, libros, películas, recortes, sueños, citas de William James o de Kierkegaard…se unen en la narración para que esta vaya construyéndose de manera inexorable y parsimoniosa. Y esa hibridación constante da como resultado una novela que piensa, que cada poco se para y se convierte casi en un ensayo sobre qué es un recuerdo, sobre si son fiables; sobre qué diferencia hay entre ver y mirar; o sobre qué es la histeria, el trauma o la disociación. Y lo mejor: Siri Hustvevt nunca es pedante (aunque es una escritora de inteligencia increíble y maravillosa) porque no escribe así para lucirse. Lo hace porque sus personajes tienen su propia idiosincrasia y el narrador que ha elegido es un psiquiatra cultivado que no puede evitar teorizar sobre su propio dolor. Es un mecanismo de defensa del personaje que la escritora ha convertido en estilo literario para su novela. Un estilo que parece el de alguien que disecciona el dolor como si fuera un cerebro sobre la mesa: con tanto respeto y tanta precisión, que duele más que si gritara. La exactitud del personaje, dada su profesión, es su propia coraza. Y el lector que yo he sido asiste emocionado a cada cosa que expresa o repasa. O sea, lo que se llama leer febrilmente.

La escritora entiende el duelo no como una tristeza, sino como una investigación: qué queda de un padre cuando ya no está para contarse a sí mismo. Y en esa investigación vamos conociendo a los personajes: dentro de esta novela hay muchos (y todos son entes de ficción magníficos), todos con bagaje, ilustrados; y todos rotos. Todos. Son gente que lee mucho, que piensa mucho, que analiza todo, pero que no sabe cómo contarse su propia historia sin mentir un poco. A la cabeza, el narrador en primera persona y protagonista y que se llama Erik Davidsen. Es una proeza de personaje. Actúa como observador fascinado, el americano melancólico (hijo de inmigrante) por excelencia. Y en su observación conocemos a todos los demás personajes: americanos vulnerables que por fuera parecen muy sólidos, muy formados, muy de Manhattan; pero por dentro están solos, con miedos, buscando a alguien que los mire de verdad. No hay héroes ni villanos. Hay gente gris, inteligente, herida, que intenta reconstruir quién es a partir de los secretos familiares. Lúcidos por fuera, perdidos por dentro. Todos funcionan como bloque: son una elegía (aquí tenemos el título) de América. Gente progresista, bien intencionada, que se cree libre, pero que sigue atrapada en los fantasmas de la familia, de la raza, de la inmigración y de las cosas que no se atrevió a decir.

En conclusión, Siri Hustvedt nos regala una novela ferozmente inteligente y que destila una ternura brutal hacia todos sus personajes; que se lee con el corazón encogido y con los ojos brillando de melancolía. Y como toda elegía, es una novela que se lee con fruición, con esa tristeza lenta de quien sabe que se está despidiendo de algo que ya no volverá.

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