CUATRO PELÍCULAS (MUY) PREMIADAS
- salva-robles
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CUATRO PELÍCULAS MUY PREMIADAS
A veces cuesta entender el éxito de crítica y la cantidad de premios o nominaciones que acaparan ciertas películas cada año. Uno las ve con ganas, expectante ante tanto halago y galardones. Y muchas veces, sí, es cierto, esas expectativas positivas se confirman y uno se topa con una maravilla de película, o con algo bueno o interesante. Sí, pero no es lo habitual, por desgracia. En otras ocasiones, las más, te encuentras con bodrios, con globos hinchados o, directamente, con películas muy normalitas que pueden causarte cierta vergüenza verlas mientras te preguntas que a cuento de qué tantos premios.
Estos días atrás he visto 4 películas que han estado prácticamente en TODOS los premios del mundo en el 2024: bien ganándolos o bien como nominadas en varias categorías. Solo una de ellas me ha parecido una joya, las otras…bueno, mejor las comento y de ahí que saquen las conclusiones los que quieran.
“A COMPLETE UNKNOWN” (EE.UU., 2024), de James Mangold
Qué pocas veces funcionan los biopics. En este caso TAMPOCO ha funcionado. Me he topado una película blandita, demasiado ñoña en ocasiones y con un guion que parece escrito (tal es la cantidad de clichés que atesora y tal es su simplicidad narrativa) por un alumno de primero de Grado en Cine. ¿Aporta algo sobre Bob Dylan? Nada, absolutamente nada. Entonces, ¿por qué existe esta película? ¿Para qué se han gastado esa ingente cantidad de millones de dólares para hacerla? Es ese típico producto que resulta un inmenso globo hinchado que lo único que logra es mostrar una lista de los grandes éxitos de Dylan. Pues para esto, que hubieran hecho un CD y me lo escucho en el coche cuando viajo. Qué manera de simplificar a alguien tan grande como Dylan, por favor.
Todo es nimio y soporífero dentro de esta película, excepto las canciones. Que sí, que los actores cantan bien, vale. Pero no me digan ustedes que realizan interpretaciones asombrosas, porque yo veo personajes planos y a un Timothée Chalamet haciendo de sí mismo una vez más: lo de este chico, por ahora, es de traca. Sólo ha estado bien una vez y a partir de ahí vive de las rentas. No y no. Aún le queda mucho para ser uno de esos grandes a los que (según ha dicho en varias entrevistas) quiere parecerse. Ojalá lo consiga, es joven y tiene todo un futuro a sus pies (parece que ha caído en gracia y casi todo el mundo se rinde ante su nombre. Ya veremos, chaval.).
Y, bueno, los petrodólares se notan en el diseño de producción, en una buena ambientación o vestuario, pero poco más. Me pasé 141 minutos bostezando. Menos mal que estaban las canciones.
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“FLOW, UN MUNDO QUE SALVAR” (Letonia, 2024), de Gints Zilbalodis
A veces (y qué bien que esto suceda de vez en cuando) nos chisporrotean los milagros y nos llegan películas preciosas, sencillas pero potentes, con fondo y oquedades que estallan en nuestras mentes y nos dejan un regusto de admiración que se nos queda ya para siempre. Esta es una de esas películas-milagro. No sólo es buena técnicamente hablando, es que por dentro nos coloca una fábula repleta de lenguaje visual que aturde y maravilla, mientras habla (sin alaracas y con una sencillez expresiva preciosa) de cosas que nos atañen. Su enfoque naturalista, que mixtura la animación entre lo mejor del cine de Miyazaki y los videojuegos, nos regala una humanidad (sí, en animales) que nos desborda en estos tiempos donde convivir en paz es una falacia. Y el guion nos brinda una honda meditación sobre temas universales, pero sobre todo incide en el de la solidaridad y la armonía entre seres diferentes. La unión es posible siempre que no haya uno que quiera salirse por la tangente o que le pueda el ego mientras impone su yoidad porque yo lo valgo. Y para los seguidores de la terapia Gestalt, este precioso producto artístico es un eficaz análisis sobre las tipologías de personalidad que se estudian en el Eneagrama.
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“AÚN ESTOY AQUÍ” (Brasil, 2024), de Walter Salles
Si la hubiera visto a mis 20 años, aquel veinteañero que fui diría que qué maravilla de película necesaria y valiente. Hoy, con los 55 que gasto, he visto mucho cine (tengo la suerte de amar el cine y de ver muchas películas) y la honesta obra de Salles me sabe a plato ya probado, a cine visto muchas veces, a historia importante que me han contado de la misma manera en demasiadas ocasiones. Es el gran fallo que le veo a una película bonita, cargada de buenas intenciones, pero que acaba ahogándose en su propia retórica interna por lo que tiene de trillado. Lo que logra este guion archiconocido es, finalmente, algo gastado, una historia roída y apolillada. Cine interesante, pero no nuevo en la manera de contar lo que cuenta.
Y, pese a lo que digo, la veo entregado, conmovido, tan entretenido como intranquilo ante las injusticias que se muestran. Y disfruto como un enano de una interpretación magistral de una actriz superdotada y maravillosa.
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“A REAL PAIN” (EE.UU., 2024), de Jesse Eisenberg
Bonita, amable, de esas películas sobre las que estaría mal hablar mal de ellas. No es la panacea, no tiene grandeza dentro, pero tampoco la necesita porque su honestidad está en contarnos algo de manera sencilla, con los trucos invisibles necesarios para lograr la empatía del espectador. Tiene un grupito de actores que nos regalan interpretaciones sinceras en su precisión y (casi) naturalidad, el argumento toca temas delicados, y aunque no profundice demasiado en ellos, sirve para recordarnos cómo muchos de nosotros afrontamos los duelos de maneras tan particulares. Lo mejor de ella es, sin duda, su mirada sutil, su sencilla (y aparente) transparencia y los buenos trazos en la escritura de los diálogos. Estas particularidades positivas dan como resultado una obra que nos interpela directamente cuando habla de nuestras dudas, nuestras soledades, nuestros instintos en la necesidad de la búsqueda constante. Y nos recuerda que no hay manera, aunque lo intentemos, de encontrar respuestas a algunas (muchas) de nuestras preguntas.
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