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“EL HIJO/LA MADRE/EL PADRE”, de Florian Zeller

  • salva-robles
  • hace 4 días
  • 4 Min. de lectura

 

Zeller está considerado como uno de los dramaturgos vivos más importantes del mundo ahora mismo. Sus obras se traducen y representan en los grandes teatros de muchos países y dos de sus obras de la trilogía que comento ahora han sido llevadas al cine (con éxito en el caso de “EL PADRE” -estrenada en 2020- y que ganó dos oscars y fue dirigida, además, por el propio autor). Tenía muchas ganas de leerme alguna obra suya, pero no las encontraba traducidas al castellano. La semana pasada descubrí por casualidad que acababa de salir una edición en la editorial DE CONATUS y me fui directo a por ella. Una edición cuidadísima, maravillosamente traducida y que nos regala tres obras al precio de una: la que se conoce como la “TRILOGÍA FAMILIAR” y que os paso a comentar.

Las tres obras podrían considerarse como teatro intenso, de diálogos cortantes y rápidos y, al mismo tiempo, muy elocuentes y metafóricos. Yo los llamaría thrillers psicológicos, pues las tres exploran, con una altísima intensidad penetradora, las relaciones familiares e indagan en la mente humana tratando aspectos como la memoria, la verdad, la mentira y la inconsistencia y debilidad de la realidad. El dolor, el abandono, el suicidio, el alzhéimer serían los temas que aparecen en estas tres obras, que tienen en común, además, estructuras enigmáticas y fraccionadas que buscan perturbar al lector (espectador en un teatro) mientras reflejan la confusión interna de los personajes. ¿Qué es verdad, qué es mentira, cuál es la frontera que separa a ambas?, se pregunta todo el rato el lector que yo he sido. Todo aparece bajo la forma de farsa trágica en la que el humor (tan negro algunas veces y tan repleto de mordacidad), el drama y el enigma se entrelazan creando un juego de espejos sobre el que somos invitados a discutir y cuestionar la realidad.

Hay algo magnético y fastuoso (se nota más en “LA MADRE” y en “EL PADRE”) en cómo construye Zeller a sus personajes, aunque en realidad los deconstruye. El juego metateatral consiste en alterar el tiempo narrativo, en la repetición de escenas o en usar personajes duplicados (o inconstantes y tornadizos) que producen un desconcierto psicológico de gran calado emocional y que presenta la confusión interna de los personajes con una fuerza abrumadoramente angustiosa. Detrás de todo el dolor que se les intuye, hay fuerza descomunal a la hora de presentar a seres humanos frágiles con los que empatizamos enseguida. Te duelen esas criaturas, las comprendes y te gustaría ayudarlas.

Vayamos una a una y empiezo por la que más me ha impactado:

·       LA MADRE (de 2010) es una obra teatral que habla del síndrome del nido vacío como tema central. Pero nos habla también de salud mental y cordura a través de Anne, una madre que ve su mundo desmoronado por culpa de un marido infiel y de un hijo que comienza a hacer su propia vida. Hay dentro de ella una crítica feroz sobre los límites del amor maternal y sobre las secuelas de la interdependencia familiar. Es una obra durísima, que tiene una estructura cíclica (basada en repeticiones y variaciones de una misma escena) que nos introduce en la mente perturbada de esa madre a la deriva. Gigante personaje central.

·       EL HIJO (de 2018) habla de la paternidad/maternidad en el siglo XXI. Una obra teatral durísima, inapelable en intenciones críticas. Una obra que se hace una pregunta tremenda (y copio la pregunta de la contraportada porque me parece sumamente ilustrativa): ¿qué nos ha pasado para llegar a anteponer al cuidado de un hijo adolescente nuestro estado de ánimo personal? Aquí dentro hay una tragedia centrada en la depresión adolescente, la culpa paterna (por no ser capaz de entender o salvar al hijo) y el impacto que produce en los hijos las nuevas estructuras familiares. Obra de una densidad trágica que apabulla y que obliga al lector/espectador a identificarse con el dolor.

·       EL PADRE (de 2012) habla de demencia senil. Logra esta obra, con su alucinante y estupenda estructura desorientadora, meter al espectador/lector en la mente confusa del anciano con alzhéimer. Hay una extraña mezcla de comedia y tragedia que casa muy bien, aunque parezca extraño, con la fragilidad de una mente perturbada por la vejez. Aborda esta obra de manera dadivosa el impacto demoledor del alzhéimer en el enfermo y en su propia hija. Y es particularmente revelador el juego ficcional de Zeller para reflejar el caos mental del padre: los espacios, los tiempos y las identidades cambiantes de los personajes nos meten de lleno en lo que pasa en esa mente. Y consiguen una fuerza dramática que, bajo la forma de thriller psicológico, nos sumerge de lleno en el dolor y en la impotencia.


Qué gustazo de lecturas me he metido entre pecho y espalda. Me he topado a un autor que nos habla sin tapujos del hoy, de hasta qué punto es quebradiza la realidad en la que se basan nuestros sueños, nuestras utopías y nuestra cotidianidad. Y un autor que utiliza el género teatral para revitalizarlo, ya que usa con maestría los lenguajes de este género para reconvertirlos en algo nuevo y diferente. Un dramaturgo que no copia, que reinventa y que explora con nuevas posibilidades teatrales. Genial.

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