“EMPATÍA” (temporada uno, diez episodios)
- salva-robles
- hace 6 días
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EN SERIE
“EMPATÍA” (temporada uno, diez episodios)
Una joyita de serie canadiense. Ya desde su propio título (¿hay una palabra más dotada de hermosura y necesaria ahora mismo?), nos regala algo que tanto necesitamos en estos tiempos convulsos donde los seres humanos parece que hemos perdido el norte. Quizá la serie sea una metáfora (voy a quitar el “quizá”: lo es) poniendo el foco en la salud mental como tema preponderante. En un mundo como el de hoy, donde no prima el fomento hacia la tolerancia y donde la escucha activa hacia los demás como que no existe y nos la pasamos por el forro mientras nos ahogamos en nuestro mar de egos, es un milagro maravilloso que exista esta serie.
La propuesta televisiva habla de muchas cosas, sobre todo de heridas y lo hace mirándolas de frente: las propias y las de los demás que nos rodean. Y lo hace construyendo un entramado narrativo que se basa en la capacidad (que, insisto, hemos perdido) de vislumbrar y cooperar (con) las alteraciones, reconcomios y perspectivas de otra persona. Los personajes de la serie, heridos todos (algunos hasta demasiado porque la vida es muy perra algunas veces y, sobre todo, con algunos seres humanos más en concreto), son una variopinta galería de diferentes patologías pero que coinciden en dolores internos difíciles de digerir y que les impiden hacer una vida normal. La protagonista (otro ser herido más tras vivir una tremenda tragedia personal) es una psiquiatra (trabaja en un hospital psiquiátrico, además) que ayuda a sus pacientes intentando comprender ese dolor que les aqueja para buscarles una salida o un modo de afrontarlas como comienzo para una futura sanación. Pero ella misma no sabe separar esa línea tan delgada que existe entre el dolor de los demás y el propio.
Lo mejor de la serie (aparte de su enorme/gigantesca humanidad) es, dentro de un contexto repleto de violencia, desconsuelo y enfermedades mentales, el humor. Desde él, las emociones estallan y contribuyen a la empatía y lo que se logra es que no haya estigmatización. Así, los prejuicios, los estereotipos y la exclusión que sufren los enfermos mentales quedan relegados a través de la mirada cómplice y tan socarrona de un guion que juega con lo sentimental de manera original y hasta yo diría que atrevida, por insólita y comprensiva y que habla de la fragilidad humana y nuestra incapacidad (muchas veces) para conectar con los demás.
Lo profesional y lo íntimo se dan la mano gracias a un personaje central (la psiquiatra herida) que es de los más complejos que yo me he topado últimamente. Un personaje repleto de contradicciones (de ahí su ciclópea humanidad) que vive como caminando por esa cuerda floja que se debate entre la fragilidad y la capacidad de hacer frente a los sucesos difíciles, algo (por otra parte) que no implica inmunidad ante el dolor, sino una especie de habilidad para superar retos y tramitar o manejar los cambios necesarios.
Además de las emociones y del humor que maneja la narrativa de la serie, esta se apoya en momentos surrealistas y hasta oníricos que construyen representaciones visuales de los estados mentales. Se le podría poner algún pero a la serie (por ejemplo: a veces muestra demasiado y se olvida de las sutilezas), pero yo me quedo (vuelvo a insistir) con su estupendísima humanidad y con cómo deambula todo el rato entre el drama y la comedia como estrategia compositiva. Y es admirable cómo se aleja de los tópicos y convenciones de los dramas médicos televisivos para centrarse exclusivamente en la fragilidad humana.
Posdata: el grupo de actores es maravilloso. Todos aquí dentro realizan interpretaciones magnéticas en roles complicados que se basan, sobre todo, en las emociones internas. Da gusto verlos en la pantalla. Te enamoras de ellos desde el minuto uno.




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