• salva-robles

"JOKER", de Todd Phillips


(USA, 2019)


El cine, muchas veces, no es sólo una historia. Hay películas que se recuerdan enormes más que por lo que cuentan, por cómo lo cuentan. “JOKER” es una película soberbia en cuanto al carácter, al atrevimiento y al brío visual y acústico que muestra. Es apabullante su atmósfera, su tono, su embalaje estilístico. Y el mensaje que todo ese envoltorio trae consigo es de los más desasosegantes que yo he visto nunca en una película. Aquí dentro todo (TODO) está al servicio del retorcimiento para crear incomodidad. Te ríes y te arrepientes al segundo, necesitas reír y no lo haces, deseas respirar y la película no te deja hacerlo ni un solo segundo de su metraje. Es la película con más arrestos visuales que yo he visto en mucho tiempo.

La gran protagonista temática es la tristeza. Y sus hermanos la desolación y el caos psicológico. Todo gira en torno a la exploración de una mente humana y por su recorrido se tropieza con la perversión y la convulsión patológica. Y, de paso, se ponen en discusión y controversia los preceptos sociales. (Pura inteligencia esta obra).

Es una película muy personal. El universo Gothan de los cómics no se adapta, sino que se reinterpreta de una manera autoritariamente personal y el director crea una obra amoral única, propia y ajustadísima como universo nuevo. Sólo un pero: la biografía narrada de este Joker es puro cliché, un esqueleto argumental manido y archisabido. PERO NO IMPORTA EN ABSOLUTO. Ni molesta ni desentona. Es parte también de su naturaleza profunda e incómoda y de su retorcimiento.

Y luego está Joaquin Phoenix. Cualquier calificativo laudable me vale para él. Pero lo que ha logrado este actor es algo que no se va a olvidar jamás. No lo comparemos con nadie, eso da igual. Aquí se podía haber pasado de rosca, convertir su personaje en puro histrionismo y aún así sería magnífico. Pero nada de pasarse ni de pantomima. Logra una actuación que envuelve la película y la arropa con tal maestría que todo es todavía mejor gracias a cada segundo de su presencia (y está en TODAS las escenas, por lo tanto, la película ES ÉL y sin él no sería, ni de lejos, la misma).

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