"LOS AÑOS", de Annie Ernaux
- salva-robles
- hace 12 horas
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“LOS AÑOS”, de Annie Ernaux
AÑO: 2008
PÁGINAS: 322
GÉNERO: autobiografía impersonal
Puede parecer raro y hasta contradictorio lo de ponerle como género a este libro eso de “autobiografía impersonal”. Pero está puesto con toda la intención porque así lo dijo la propia autora. “LOS AÑOS” no es una novela, o no lo es al menos como entendemos una novela tradicional. Y tampoco es una autobiografía de Annie Ernaux (aunque toda su literatura lo sea de alguna manera). Y esto es lo más genial de un libro maravilloso. No hay protagonista con nombre. No hay trama. Ernaux no cuenta su vida en orden cronológico diciendo "yo hice, yo sentí", sino que hace algo que, literariamente hablando, es mucho más ambicioso. Toma su vida y la utiliza como un negativo fotográfico para descorrer la cortina y que se vea con claridad a toda una generación francesa. Y por extensión, europea. Y lo que le sale, finalmente, es la autobiografía de una época.
El libro avanza por décadas y con una estructura en la que se suceden las secuencias separadas por un espacio en blanco, sin capítulos. La palabra que más se repite es "nosotros". A veces "se". Casi nunca "yo". Y cuando dice "ella", habla de sí misma como si fuera otra. No es "yo tenía 18 años en 1958". Es "en 1958 las chicas de 18 años creíamos que...". Y esa despersonalización ambigua hace que el verdadero tema no sea Annie Ernaux, sino que es el tiempo quien protagoniza todo el libro: el tiempo que nos atraviesa y nos borra.
Va avanzando año por año, década por década, intercalando tres capas que se mixturan al mismo tiempo:
1. La historia íntima: la niña de la tienda-bar de Yvetot, la estudiante becaria que se avergüenza de sus padres, la joven que aborta clandestinamente, la profesora casada, la madre divorciada, la mujer que descubre el feminismo, el deseo a los 60…
2. La historia colectiva: lo que comíamos, lo que veíamos en la tele, las canciones, los eslóganes publicitarios, las fotos de clase, la llegada del plástico, del supermercado, de la píldora, de Mitterrand, del SIDA, del 11-S, de internet… En este sentido, Ernaux parece que hace un inventario.
3. Las fotos: el libro empieza y termina con descripciones de fotos y vídeos familiares. No como nostalgia, sino como pruebas forenses de que existimos. La idea que obsesiona a la autora francesa y que repite como un mantra: "Que todo se borre es insoportable". Escribir para salvar algo.
Y cuando, como lector, unes las tres capas, el libro golpea fuerte, muy fuerte. Porque Ernaux no te está contando su vida para que la admires, te está usando como espejo.
A mí me parece que “LOS AÑOS” es un libro revolucionario. No solo por lo que acabo de decir más arriba. Es que hay más. Por ejemplo, cómo habla de la memoria sin nostalgia. Ernaux no idealiza nada. Hay una frialdad quirúrgica. Describe todo con la misma distancia. Es como si pusiera su memoria en una mesa de autopsias. Y por eso duele más. Porque no te está manipulando para que sientas pena o alegría. Te deja solo a ti como lector frente al paso del tiempo. Y otro ejemplo sería el tiempo como protagonista. El verdadero tema no es Annie Ernaux. Es el tiempo que nos atraviesa y nos borra. Lo capta Ernaux, por ejemplo, en cómo cambian las palabras que usamos para hablar de lo mismo (de hacer el amor a follar, de un hijo no deseado a interrumpir un embarazo, por ejemplo). Y así, “LOS AÑOS” se convierte en un libro sobre la muerte lenta de cada versión de nosotros mismos.
La Ernaux utiliza una escritura blanca, plana. Frases cortas, sin adjetivos; escritura casi sociológica. Al principio puede parecer frío o incluso aburrido, pero cuando llevas cincuenta páginas ya te das cuenta de que esa frialdad es una decisión ética: no embellecer el pasado. No es un libro fácil ni adictivo (aunque yo no he podido parar mientras lo leía), porque no hay personajes, diálogos, giros…como en una novela. Es un libro fragmentario, a ratos es un catálogo de marcas y canciones que si no eres francés de su generación no reconoces del todo. Y exige que pongas mucho de ti. Si no conectas tu propia memoria con la suya, se queda en un ensayo sociológico de Francia. Hay momentos en que su mirada de mujer de clase media intelectual de izquierdas se vuelve un poco hegemónica, como si su experiencia fuera la experiencia colectiva. No lo es, pero ella lo sabe y lo asume.
Creo que "LOS AÑOS" es uno de los libros más importantes del siglo XXI. No porque sea bonito — no lo es en el sentido clásico — sino porque inventa una forma nueva de contar una vida. Después de leerlo no recuerdas la vida de Annie Ernaux. Recuerdas la tuya. Te obliga a hacer tu propio inventario: ¿qué había en la mesa de tu cocina en 1998?, ¿qué canción sonaba cuando tuviste tu primer desamor?, ¿qué foto tuya te avergüenza ahora y por qué? No es un libro para que el lector medio lo disfrute. Es un libro para constatar que estamos hechos de tiempo y que el tiempo no perdona, pero deja huellas. Y Ernaux ha sido capaz de convertir esas huellas en literatura mayor.
Creo también, humildemente, que “LOS AÑOS” como libro resuelve un problema que la literatura llevaba siglos intentando resolver: ¿cómo contar una vida sin caer en la vanidad del yo? Ernaux entiende que nuestra memoria no es privada. No recuerdas tu vida, recuerdas tu vida dentro de una época. Nadie se enamora, aborta, se divorcia o envejece fuera de la historia, la política y el consumo. En ese sentido es el libro más proustiano del siglo XXI sin parecerse en nada a Proust. No busca el tiempo perdido a través de una magdalena, lo busca a través de un anuncio de la lavadora Moulinex.




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