“MI AMIGA EVA” (España, 2025), de Cesc Gay
- salva-robles
- hace 4 días
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Hay algo en el cine de este director que a mí me atrae y que me pone contento cuando me entero de que tiene película nueva. Me lo paso muy bien viendo sus pelis (me percibo frente a la pantalla siempre con media sonrisa hasta que estalla también la carcajada en numerosas ocasiones), porque dentro siempre me topo con la agudeza (muchas veces, inteligencia), con ingeniosos diálogos, con personajes de carne y hueso que me cruzo a diario o que veo cuando me miro al espejo (me guste o no reconocerme en ellos) y, sobre todo, me encanta la manera de tratar el melodrama: desde una intimidad jamás exenta de humor.
Lo llaman el Woody Allen catalán. Para mí Cesc Gay es Cesc Gay y no otro. Su cine es suyo, un cine que tiene sus propias claves ya reconocibles, un cine ágil, divertido; un cine muy empático con el ser humano común, de clase media urbanita; un cine de puesta en escena sencilla, pero que funciona a la perfección para lograr (desde un uso de la ironía constante) películas que funcionan bien sin la necesidad de ser obras maestras. Las obras de Cesc Gay nunca dejan de ser un cine maduro y muy muy muy compasivo con el ser humano.
En “MI AMIGA EVA” hace una reinvención de la comedia romántica. Es una comedia romántica que no lo parece todo el rato, pero que acaba siéndolo y qué bien ese final que nos recuerda que sí lo es definitivamente. Esa comedia romántica se disfraza de retrato: el de una mujer que va a cumplir los 50 y se replantea toda su vida con un único deseo: ENAMORARSE OTRA VEZ. Un deseo aparentemente banal a esa edad (dirían algunos, yo no, desde luego), que esconde muchas cosas dentro: insatisfacción, monotonía, desabrimiento y sosería vitales. En resumen: CRISIS EXISTENCIAL. Y ese deseo, claro, pondrá patas arriba su vida personal y, también (y aquí está lo más gracioso) la de sus insoportables amigos (menuda pandilla tiene Eva, oigan). Esos amigos que no van a tolerar que nadie ni nada les tambalee las falacias en las que viven instalados cómodamente. Claro, mejor no abrir el tarro de las esencias, no sea que nos encontremos algo podrido en el interior. Lo que se llama: vivir mirando hacia otro lado, por si acaso.
El personaje central es una delicia. Hay pocos retratos (aunque cada vez más el cine se pone a ello) sobre mujeres de mediana edad que se preocupen de verdad por ellas, que las describa y analice y las radiografíe como merecen: desde la verdad y la empatía y, desde luego, desde el humor, que es como mejor entran y se comprenden y aceptan las acritudes de la vida. Y ese personaje está interpretado por una inmensa, como siempre, estupenda actriz que llena la pantalla y la empapa de belleza y de sinceridad: esa señora llamada Nora Navas que es, qué maravilla esto, puro animal cinematográfico.




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