MIS LECTURAS PREFERIDAS DURANTE 2025
- salva-robles
- 4 ene
- 15 Min. de lectura

MIS LECTURAS PREFERIDAS DURANTE 2025
Ha sido un año lector en el que he disfrutado muchísimo. He sobrepasado la cifra de 150 libros leídos y me he topado con autores y autoras de los que desconocía su literatura y han sido descubrimientos deslumbrantes. Además, he constatado mi admiración por dos premios Nobel en los siguientes libros suyos que me he leído con devoción y aturdimiento de los de disfrute máximo.
Hablaré ahora de mis 24 lecturas preferidas del 2025 (que no son siempre libros publicados por primera vez en 2025, claro, pues soy un lector que da saltos y no lee siempre novedades); las comento según el orden en el que las fui leyendo y sin establecer un ranking concreto que no sea el de que son libros que me han dejado poso infinito.
Posdata: cada vez tengo más claro que los libros que me gustan son aquellos que me disparan y me hieren, que me vuelan la cabeza y me despiertan las emociones. En resumen: disfruto leyendo aquello que ensancha y desarrolla mi manera de ver y entender el mundo. Ea.
1.
“NADA”, de Carmen Laforet
Volver 30 años después a un clásico es como probar la magdalena de Proust y regresar a un recuerdo, a sentir aquellas reminiscencias de la inolvidable primera vez. Pero ahora se le suman 30 años más de experiencias vitales y lectoras para constatar la grandeza de una novela mágica (sobre todo cuando piensas que esto lo escribió una chica cuando tenía solo 23 años). A la vuelta de vacaciones, la explicaré en clase a mis alumnos de 2º de bachillerato: sé que voy a emocionarme haciéndolo.
2.
“RUTH”, de Adriana Riva
De esas novelas aparentemente humildes que, con muy poco, logran descomponerme en emociones y satisfacción, a la misma vez que consiguen que disfrute aún más mi afición lectora. Una novela que parece inabarcable tal es la cantidad de poso que atesora dentro. Parece que habla de la vejez (la narradora es una señora de la tercera edad), pero en realidad transita sobre muchos temas, además de ser una gigantesca reflexión sobre la familia como estructura social. Es “RUTH” una narración-universo, que cimenta, con un particular lenguaje tragicómico, un personaje central memorable. Que la vejez no es un cuento de hadas, lo sabemos. Pero en este libro su autora se encarga también de recordarnos que la vejez tampoco es un cuento de terror. De esos libros que, cuando los cierras, siguen creciendo dentro de ti, mientras los recuerdas con enorme regocijo.
3.
“TEOREMAS DEL SILENCIO”, de Natacha G. Mendoza
Un libro de relatos en los que destacan las sugerencias a través de una prosa que es pura magia. Hay siempre en estas historias un mundo subterráneo detrás de lo evidente y, así, cada narración crece o se ensancha en la mente del lector gracias a la calidad y a la contundencia con la que la escritora nos implica, nos emociona o nos incita a reconstruir con sus insinuaciones o con las vivencias congeladas (hielo que parece fuego y hasta dinamita) de sus personajes. De esta manera, lo sugerido, lo innombrado o lo que aletea por debajo de lo que leemos estalla en significados y cada relato tiene otro (o varios) dentro al mismo tiempo. Yo a esto lo llamo literatura inmersiva (esa literatura que absorbe al lector mientras este reconstruye la historia planteada en su cabeza y la completa extrañado y, decididamente, atrapado dentro de ella).
4.
“LOS LOBOS DEL BOSQUE DE LA ETERNIDAD”, de Karl Ove Knausgård
Hay, no cabe duda, ambición desbordante en la empresa narrativa de este autor. Pero hay también algo que a mí me conmueve (y remueve): es un escritor libre, y esa libertad gigante que esgrime se bifurca entre las páginas colocando en ellas temas que nos conciernen. Tengo la sensación de que bucea en la intención de captar la vida en toda su plenitud y de que este propósito -que se podría tachar de vanidoso- lo hace desde una humildad desbordante y enternecedora, y si no fijémonos en los personajes que habitan en las páginas: son todos seres corrientes, aprisionados en sus rutinas y a los que conocemos en esa primera persona del singular que los relata como si un entrometido fisgador les tuviera puesta una pistola en la sien para obligarlos a desnudarse completamente Esa ambición no es sino una intención que debería importarnos a todos: mírense al espejo, hostias, parece que nos grita Knausgård. Estos somos nosotros y en todos y cada uno de nosotros hay un fin del mundo particular. Y nos lo grita para que salgamos del ensimismamiento: solo hay que mirar a sus personajes para comprenderlos perdidos y, al mismo tiempo, tan llenos de vida, tan desarmados, tan sensibles como impotentes ante la verdadera pregunta: ¿qué carajos somos y por qué existimos?
5.
“GOLPE MAGISTRAL”, de Jessica Anthony
Una novela corta que es un soberbio puñetazo al sueño americano, a ese embuste o disimulo sobre el que navegan muchas vidas corrientes y que aquí Jessica Anthony ejemplifica de manera contundente en los dos miembros de un matrimonio modélico de puertas para fuera y cuyos intestinos vamos a ir descubriendo, con asombro y regocijo lector, tal es la calidad narrativa de esta autora. Por sus páginas hay reminiscencias cheeverianas, he intuido también rasgos richardfordianos en esos personajes que parecen llegar ecuánimemente al final de un desplazamiento, con sus vidas fracasadas a la deriva y circunvalando a diario por un despeñadero.
Es una novela intensísima, tan divertida (pese a lo que cuenta, hay dentro de ella un humor negro que marida perfectamente con el drama aceleradísimo que estalla poco a poco) como fascinadora en esa vivisección de la vida privada que hace de unos seres humanos que parecen arrastrar una terrible ausencia de valores o el desaliento/desengaño de unas ruinas vitales sin tragedia, como normalizado y aceptado todo y de ahí vienen, claro, las inmensidades profundas de vivir en el pecado cotidiano de aceptar la desmoralización mientras se respira tristeza.
6.
“EL BOZAL”, de Marc Colell
Cada relato de este libro podría pasar por ser un ensayo antropocéntrico sobre el alma humana. Diez historias en las que el escritor juega con el género para ofrecernos narraciones de estilos diferentes, pero en las que prima, pese al tremendismo de casi todas las historias, una ternura solapada y artera hacia las criaturas colellianas que las protagonizan. Es desde ese prisma, desde el afecto y la comprensión, desde donde el autor nos atrapa a los lectores que entendemos enseguida que, aunque haya azotamiento mientras leemos, se construye una literatura que nos da voz y, al mismo tiempo, nos demuestra que nos escucha. Colell intuye al ser humano y, si no lo comprende del todo (nadie está capacitado para ello), sí que utiliza su prosa para ladrarnos que todavía hay quienes tiran de humanidad para empatizar y compadecerse. Todos los relatos son enormes en cuanto a calidad narrativa, pero los dos últimos a mí me parecen historias redondas, inmensas en logros e intenciones artísticas. Y los diez cuentos nos regalan narraciones que muestran a un escritor sobrio, suculento y sumamente delicado. Un prosista que construye realidad desde lo tenebroso con voces y tonos precisos, tan elocuentes como fecundos.
7.
“EL BUEN MAL”, de Samanta Schweblin
La maestra del cuento nos regala otro libro imponente en el que cada historia se cubre de un nimbo de extrañamiento. Lo real y lo fantástico se dan la mano magistralmente para hablar de los recodos de la existencia humana cuando esta se vuelve más inescrutable y recóndita. Así, una especie de hálito kafkiano va calando en cada una de las historias y el lector que soy cae rendido en él y, mientras leo, voy sintiendo que solo lo que es confuso y enigmático parece real y que es en esas oscuridades donde la vida sucede y tiene su sentido más amplio y reconocible.
8.
“EL GRAN ENSUEÑO”, de Celso Castro
Entrar en un libro de este autor es una aventura muy satisfactoria que saca al lector de sus zonas de confort en esa manera que tiene de desestructurar la sintaxis para convertir la frase en enunciado roto con aliento lírico y fragancia docta y cultivada. En sus capas más superficiales, nos topamos con una historia secular de esencia clásica, pero luego se descubren por debajo sedimentos eruditos que son puro desafío y virtuoso regocijo. Y me dejo para el final lo que más me gusta de la literatura de Celso Castro: esa cualidad que tiene a la hora de indagar en los enredos emocionales. El bisturí del escritor penetra para extraer autopsias de nuestra memoria que ni la conciencia es capaz de verbalizar. Por eso sus novelas exudan SIEMPRE atmósferas etéreas y al mismo tiempo subversivas y jocosas, una mixtura de Woody Allen a la gallega, “Amanece que no es poco” y metafísica que reflexiona sobre nuestra esencia como seres humanos en mitad del vasto universo. Cada vez que cierro un libro de este autor, aplaudo.
9.
“EL JARDINERO Y LA MUERTE”, de Gueorgui Gospodínov
El arte mayúsculo de este insigne autor fluye esta vez por el camino de lo personal que se convierte en universal, así las páginas nos regalan un relato intestinal muy íntimo y personal sobre el duelo y la memoria que es, finalmente y al mismo tiempo, un relato genérico y colectivo. Es imposible no reconocerse en esas preguntas, en esas dudas sobre cómo afrontar la pérdida de un ser querido. Gospodínov se desnuda por completo y, de paso, nos hace desnudarnos a los demás (sobre todo, a los que hemos sufrido la perdida de nuestros progenitores). El libro (y esto es lo más hermoso de él) es un canto de pasión filial rotundo, sincero y tan emotivo como estremecedor.
10.
“ÉL ORGANO”, de Diego Sánchez Aguilar
El autor murciano nos regala otra muestra de su (cada vez más) enorme talento. Un escritor que no se conforma y que tiene como rasgo principal una ambición narrativa fuera de toda duda que, obra a obra, se propaga y ratifica. “EL ÓRGANO” tiene dentro tanta calidad como belleza. La grandeza de esta narración es cómo su autor, con una prosa altamente poética y tan nítida como minuciosa, edifica un enigma a la misma vez que nos exterioriza la astucia narrativa con la que juega a mixturar los géneros. Sin olvidarse jamás de describir un espacio mítico (un microcosmos muy particular) que acaba teniendo también su disgregación como insignia simbólica en (o de) lo actual. Y, de esta manera, Sánchez Aguilar toca temas como la guerra y sus consecuencias, la memoria y sus profundidades secretas, lo pagano versus lo religioso, el ser humano y sus contradicciones o discrepancias. En definitiva, y como en todo mito, una novela que es una respuesta a cuestiones tan humanas como inexplicables.
11.
“NOVELA NATURAL”, de Gueorgui Gospodínov
La novela, como género narrativo, salió de su letargo gracias a Gospodínov y esto es una suerte para aquellos lectores que no tengan miedo a salir de sus zonas de confort y estén dispuestos a dejarse llevar por un escritor de prosa asentada en la vanguardia, pero que no olvida nunca (pese a bucear todo el rato en la perplejidad o quizá por ello mismo) de reflexionar con lucidez exquisita sobre el ser humano y sobre el oficio de escribir como si fuera un filósofo (posmoderno, sí, pero filósofo en definitiva).
La genialidad del autor búlgaro está en la sabia (y muy divertida) mezcla de lo trascendental y lo concreto, al mismo tiempo que juega desde dos extremos: el experimento formal, por un lado; y la huella emocional, por otro. Y de ahí surge esta “NOVELA NATURAL”, que es toda ella una constante ruptura de las líneas tradicionales narrativas y una profunda vivisección de la psique de un hombre que acaba de separarse y vive en plena crisis existencial. Así, la obra se decanta entre la mixtura de diferentes géneros (el cuento, la novela o el tratado científico, por ejemplo) y la radiografía de las emociones de un ser humano a la deriva.
12.
“A CUATRO PATAS”, de Miranda July
Una novela fresca, ágil, más profunda de lo que su envoltorio narrativo sugiere, que, sobre todo, no se corta jamás a la hora de describir situaciones o de poner a sus personajes en coyunturas y pormenores; y una novela que no teme jamás al ridículo pues es osada en exponer el temblor humano metido en las más anodinas cotidianidades y sacarle fertilidad y exuberancias temáticas. Y es desde ese temblor desde donde acontecen en la novela las mejores situaciones que ponen en cuestionamiento nuestras emociones y sentimientos. Porque la vida nos convierte en seres vulnerables y, no obstante, hay veces que hay que atreverse a perder el control para encontrar nuestro camino. Y de regalo, un extraordinario personajazo femenino en el centro de toda la novela.
13.
“EL VERANO DE CERVANTES”, de Antonio Muñoz Molina
Lo voy a resumir brevemente: un escritor inmenso haciendo un hermosísimo homenaje a una novela universal e interminable. Una gozada absoluta leerlo y asistir a las reflexiones y vivencias lectoras de uno de nuestros más grandes autores vivos. De esos libros que uno subraya y relee porque tiene dentro amor del bueno hacia la literatura en estado puro.
14.
“EL TURISTA ACCIDENTAL”, de Anne Tyler
El año pasado entré por primera vez en la literatura de esta escritora y me leí seis libros suyos. Este en concreto es para mí una auténtica obra cumbre y resumen o compendio del corpus narrativo de una autora lúcida y siempre irónica. Me entusiasman sus personajes, que son siempre gente normal y corriente que sobrevive en la ciudad de Baltimore (que es otro gran personaje más en todas sus novelas). Adoro la capacidad de Tyler a la hora de vislumbrar lo atrayente y sugestivo que casi nadie observa en la cotidianidad. Pero adoro aún más a sus personajes, entes de ficción tan bien definidos en sus estados emocionales y mentales y tratados con ternura infinita y sin ser juzgarlos jamás por la autora. Y luego están sus diálogos, que es otro de sus puntos fuertes: viables, verosímiles e impregnados de sentido y que otorgan un gran dinamismo a la narración. Aquí, me emocionó hasta las trancas cómo trata Tyler (con delicadeza gigantesca) el tema de la pérdida de un hijo y cómo superarla. Energía narrativa y pasatiempo puro sería la mejor definición de la literatura de esta escritora norteamericana.
15.
“HABITADA”, de Cristina Sánchez-Andrade
Una escritora de prosa inmensa y rica en tonalidades. En esta novela, la cosa se mueve entre el realismo rural, un humor intrépido y el mundo fantástico mixturado con el folclore a la gallega. Es una novela rica y enigmática, muy corrosiva y aún más mordiente a la hora de amonestar el patriarcado de principios del siglo XX, la vigilancia restrictiva e implacable de la religión o las organizaciones sociales vetustas. Una novela, en definitiva, que acaba siendo una demonstración seductora de la autoridad de la narración a la hora de aprehender lo que se nos escapa de la vida y hacerlo tanto con originalidad como con lirismo y energía. Y dentro hay otro grandioso personaje femenino (Manuela). Gran narradora Sánchez-Andrade.
16.
“LA MUJER HELADA”, de Annie Ernaux
Lo revolucionario de la literatura de Ernaux es lo descarnada que es su exposición personal sin paliativos, esa crudísima honestidad que pone en cada libro, en cada frase, en cada situación o emoción que narra. Yo esto nunca lo había visto en ningún autor: esa entrega a la verdad íntima y personal sin máscaras. La literatura del yo se agiganta gracias a la forma que adapta una Ernaux que no se autoenjuicia ni se autocensura, sino que, muy al contrario, habla abiertamente (soltando escupitajos verdaderos). Un libro contundente (otro más en esta autora) que narra el proceso de la vida de una mujer (ella misma) que podría ser cualquier mujer: la universalidad de la literatura de Ernaux es sociológica y es parte de la memoria personal y colectiva. Hay tantísima potencia narrativa en la aparente plana y transparente prosa de esta escritora, tanta. Uf.
17.
“POÉTICA DEL ERMITAÑO”, de Miguel Ángel Zapata
Le debo a esta novela una segunda lectura y entonces escribiré una reseña porque es un libro que se lo merece. Para mí uno de los grandes libros que he leído el año pasado (lo pondría entre mis 5 favoritos, sin duda alguna). Lo hice en verano y estaba de vacaciones y no tuve el tiempo suficiente para hablar de él (y yo soy de los que escribe las reseñas justo después de haber terminado de leer el libro para rastrearme en las sensaciones y emociones inmediatas a la lectura acabada). Qué inmenso personaje central tiene esta novela, qué prosa más envolvente y sugestiva (tan lírica como elegíaca), que estilo más fuera de lo convencional, qué manera de diseccionar el tema de la soledad elegida como supervivencia. Una novela arriesgadísima, que mixtura el discurso mental, los recuerdos y hasta lo metafísico o figurado. Una novela inclasificable y descarnada. Portentosa.
18.
“PRIMER AMOR Y OTROS PESARES”, de Harold Brodkey
Otro de mis grandes descubrimientos lectores del 2025 fue Brodkey. Otro hermosísimo encuentro lector de un autor que escribió poco, pero siempre haciéndolo a lo gigante. Uno lee los relatos de este libro y percibe la estela de Twain, Henry James, Dreiser, Fitzgerald, Steimbeck o Faulkner, que exploraron todos temas como el gran sueño americano (frustrado la mayoría de veces, claro). Lo particular en Brodkey es su manera de captar a los seres humanos que pululan por sus páginas. En este libro son todos muy jóvenes. Y estos jóvenes, con pocos trazos y una maestría inusual a la hora de retratarlos, son complicados, multidumensionales, seres anónimos captados desde una universalidad en la que ni hay buenos ni malos, sino simples supervivientes. Y esto que no es que sea innovador, en Brodkey toma dimensiones diferentes, pues hay en cada personaje un tsunami de meandros psicológicos presentados en situaciones cotidianas que aparecen en las páginas con una magia literaria espeluznante por cómo saca vitriolo a cualquier hecho cotidiano. Los personajes brodkyanos respiran a diario en atmósferas y contextos únicos (por cómo los presenta el autor, no porque sean distintos a los que vivimos cualquiera de nosotros) y lo que el lector se topa es una reflexión que lo invita inexorablemente a percibirse. Una maravilla cada relato.
19.
“LAS LEYES DE LA CAZA”, de Pilar Freile
Qué agradable resulta toparse con una novela de género (en este caso, hablamos de novela policíaca) que trasciende sus condiciones y abre la historia hacia otras regiones y temáticas para convertirla, finalmente, en una novela apasionante, profunda y muy apegada a un hoy que la autora ha sabido desmenuzar con la clarividencia de esos escritores que nos dan zarpazos en la conciencia y que tiran de agudeza para zarandear y remover los cimientos en los que se ahoga y se deprime nuestro presente.
Es una novela ágil, de ritmo tenso, que atrapa al lector en su violencia inmediata y algunas veces indirecta. La trama nos secuestra y nos pone frenéticos. Pero aquí dentro estalla algo que la convierte en una obra narrativa de calado mayúsculo y es su osadía y su destreza sutil a la hora de tocar temas que hablan de ese colapso institucional y psicológico en el que nos movemos hoy. Así, acción externa y emociones internas se dan la mano y caminan juntas por una novela que analiza esas lesiones contemporáneas que van desde la adulteración mediática hasta la corrupción de las instituciones. El resultado es un retrato (a modo de pesadilla) que osa debatir sobre las fábulas tan manipulativas del bienestar, de la sociedad de consumo.
20.
“EL MUNDO ACABARÁ EN VIERNES”, de Manuel Moyano
Ya que no nos cae el meteorito, al menos nos merecemos un Apocalipsis, es lo que nos grita el autor cordobés en esta divertidísima novela. Con un humor que se olvida muy inteligentemente de la farsa, la trama discurre repleta de diálogos memorables y una catarata de mordacidades que no dejan en muy buen lugar a esos que no aparecen en la novela (ni falta que hace), pero en los que pensamos los lectores sin duda alguna. Personajes de la política, de la tele o vecinos de al lado o de nuestras redes sociales, que todos conocemos y soportamos, quedan parodiados con inteligencia y altas dosis de talento y mucha agudeza. Así, el hoy que vislumbramos y percibimos todos, queda parodiado aquí con una astucia y un encanto narrativo encomiables. Es una novela divertida, pasmosa y ambiguamente juguetona, que atesora dentro sobredosis de pulla y una radiografía espeluznante de lo que, tacita a tacita, hemos permitido que se cimente entre todos.
21.
“HERIDA Y VENTANA”, de Fernando Parra Nogueras
La depresión es una enfermedad que podemos padecer cualquiera de nosotros, nadie está libre de ella. Comprenderlo, y este libro tiene la fuerza descomunal de atreverse a ponerla sobre la mesa sin tapujos ni melindres ni mentiras, es quizá el primer paso para desestigmatizarla y comprenderla. Y ojo, Fernando Parra Nogueras ha construido una novela muy buena como artefacto literario, pero también es brillante en dar luz a las tinieblas con personajes no solo creíbles, sino tan humanos como entrañables. Y tiene dentro secuencias, capítulos o episodios memorables en eso de descubrir la intimidad de un ser humano radiografiada desde un sarcasmo que vomita puyas por doquier a una emoción nada contenida y nada exenta de crueldad (esta enfermedad lo es y mucho), pasando por una emotividad descarnada que produce escalofríos y zarandeos a partes iguales.
22.
“ESCICHA”, de Luisa Máñez
Es una novela implacable. Enorme en forma y resultados. Que tiene dentro una historia que no se olvida por lo que tiene de perturbadora y de poco convencional y que un lector como yo (ávido de encontrar “algo diferente”) ha saboreado con regusto embebedor. Es esta novela una obra que no encontrará su lugar en los ojos de los lectores convencionales, aviso. Sin embargo, si uno entra en ella sin remilgos y dispuesto a que lo zarandeen, se topará con un estilo narrativo singular, que paladea belleza a raudales gracias a la textura de una prosa que se transmuta en emanaciones sensoriales y visuales que son descarnada poesía. Increíble y portentoso debut en la novela de una autora a la que seguiré en el futuro sin duda alguna.
23.
“MAMÁ”, de Carol Joyce Oates
La Oates crea un universo complejo y múltiple que empieza en algo muy existencialista y que tiene que ver con las relaciones madre-hija, que son un universo propio; y la autora norteamericana lo adereza con una radiografía del duelo espeluznante, dura, realista y compleja. Pero hay más: el pasado como tapadera, los roles que asumimos por transmisión educacional y que no sabemos que tenemos instalados, la familia como cárcel, una historia romántica (de esas que en Danielle Steel resultarían ñoñas y ramplonas, pero que en la Oates suenan a música celestial),… Carol Joyce Oates corre varios riesgos en este libro y yo creo, muy sinceramente, que salva todos los escollos y sale airosa de los embates en los que se mete. Un lector despistado o que la lea a la ligera, creerá que está ante una novela menor y no es así. Aquí dentro hay un campo de minas en cada página.
24.
“VAIM”, de Jon Fosse
Entro en este libro hipnotizado y sugestionado por esa prosa que me retrata sin aspavientos, pero sí con mucha eficacia, a personajes que viven situaciones en principio desatinadas, incoherentes, que se van repitiendo de manera cíclica y lo que Fosse consigue es, no solo reflejar la falta de sentido de la existencia, sino y sobre todo, dar vida a personajes aislados y prisioneros de unas necesidades que se muestran a través de pequeños gestos y de la palabra lacónica de todos ellos. La vida transcurre entre abstracciones y autorreferencias por las que se percibe cierto humor muy sutil y así las tragedias de esas vidas desatendidas parecen suavizadas, pues hay hacia los personajes una atención y un cariño descomunales. Son entes que parecen payasos tristes que deambulan sin ambiciones por los terrenos cotidianos y, al mismo tiempo, Fosse los dibuja (entre repeticiones a modo de retahílas) en mitad de un vacío que resuena a fábula, a mito. Un vacío que es también representación de ese vacío espiritual que se ha adueñado de nuestro hoy. Admirable escritor, extraordinario artista de la palabra.




Me ha encantado ver Nada en esta entrada. Me ha pasado lo mismo que a ti, incluso llegué a sus páginas con cierta pereza. Pero qué gusto. Qué libro. Qué ser humano excepcional esta Laforet.