MIS TRES PRIMEROS KALLIFATIDES
- salva-robles
- hace 22 minutos
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“UNA MUJER A QUIEN AMAR” (2003, 160 páginas, novela)
“OTRA VIDA POR VIVIR” (2018, 155 páginas, novela)
“MADRES E HIJOS” (2020, 173 páginas, novela)
Para los que leemos mucho (e intentamos que mucho y bien), descubrir la literatura de un nuevo autor es como para un niño despertarse la mañana del día de Reyes Magos. No sé explicarlo mejor, me vale esta imagen para transmitir lo que ha supuesto descubrir para mí a este escritor griego que emigró a Suecia y ha escrito la mayoría de sus libros en sueco.
¿Qué me he encontrado en estos tres libros que me he leído al comenzar mi año lector 2026?
A un autor elegíaco. Enormemente elegíaco. Un escritor que se comunica a través de una prosa lírica que expresa sus propias emociones al mismo tiempo que utiliza la autoficción para hablar de cientos de temas importantes sobre el ser humano y la vida. Pero digo elegíaco y quiero añadir que reinventa la elegía, pues estos tres libros no son prosa de lamentación (aunque haya recuerdos de seres queridos fallecidos, de tiempos finiquitados, de un presente que tira de nostalgias, efemérides y acontecimientos personales o familiares), más bien son literatura que habla con exquisita sencillez y profundísima humanidad de la memoria, de los inmensos y recónditos mecanismos por los que nuestra memoria transita para desnudarnos como seres vivientes y, de paso, se hace una exquisita radiografía de la condición humana.
En el primer libro la excusa es la muerte de su mejor amiga, en el segundo, una meditación sobre la escritura; y en el tercero, la visita que hace a su madre durante unos días. Pero en los tres libros, Kallifatides aplica la experiencia personal para entablar un hondísimo diálogo con los temas universales que nos atañen a todos. Y en ese diálogo explota una ternura a raudales que a mí me emociona y me descompone no solo como lector, sino y sobre todo, como ser humano al que le resuenan múltiples cosas entre las páginas.
En los libros de Kallifatides cabe todo: desde el contexto histórico griego del siglo XX (sobre todo hay una excavación en la historia traumática de Grecia), hasta un acercamiento al mundo de la tradición clásica como reflexión sobre cómo nos ha influido esta a la hora de pensar y vivir en el presente, pasando por temas como la inmigración, la identidad, el fluir constante del tiempo, el pasado, el exilio, la familia, el amor, la escritura…La enormidad de este escritor es que toda esa maleta temática le cabe en libros de pocas páginas y que entran a través de una prosa de estilo directo, comprensiva y empática con los meandros de la memoria, que basa su contundencia en una sencillez expositiva no exenta de hondura y calado emocional. Son lecturas en las que no he parado de subrayar frases que me pondría en todas mis camisetas, que resuenan a axiomas concisos y profundos que invitan a la meditación, a la sonrisa (a veces con carcajada incluida) o al pensamiento crítico. Pero lo mejor es que hay una mirada introspectiva en todo lo que dice que nunca cae en la pedantería y, muy al contrario, todo tintinea a base de naturalidad, delicadeza y una elegancia hermosísima que se basa en la candidez expositiva, en la franqueza y claridad narrativas y en una desenvoltura ficcional sin adornos. Y así, cada uno de los temas que aborda crea un corpus literario que es a la vez personal y universal.
De “MADRES E HIJOS” me quedo con todo, pero especialmente con el inolvidable personaje de la madre, que es homenajeada aquí dentro con elegante desenvoltura y toneladas de afecto del bueno y auténtico.
De “OTRA VIDA POR VIVIR” también me quedo con todo, pero especialmente con esa manera de captar una especie de reconciliación con el envejecimiento inevitable y con esa exploración que hace Kallifatides sobre la dependencia entre la búsqueda del sentido de la vida y un compromiso laboral también con sentido (en este caso, el de la escritura).
De “UNA MUJER A QUIEN AMAR” por supuesto también me quedo con todo, pero elijo esta vez cómo el escritor transita por algunos lugares comunes del duelo, pero lo hace escribiéndole una especie de carta de amor no romántico a una amiga que resuena en cada página a algo místico en el mejor de los sentidos, mientras se dan la mano lo profundo y lo mundano con una sencillez adorablemente extraordinaria.
Sí, lo tengo claro. Voy a por más libros de Theodor Kallifatides. Yo quiero emocionarme más veces con él. Y quiero disfrutar de esta literatura. Para que luego digan que la autoficción no mola. Anda y que no, tú.




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