• salva-robles

"SERVANT"


(Primera temporada, 10 episodios)


Producida (también dirige dos episodios) por el director de “EL SEXTO SENTIDO” (por ese nombre me puse a verla sin dudarlo), la serie es una extraña mixtura de géneros que aturde un poco al principio, pero que te va atrapando sin que apenas te des cuenta. Aquí dentro hay melodrama, misterio, terror y algo que se va convirtiendo en el verdadero centro de todo: la comedia negra. Para deducir esto y llegar a ella, a esa comedia extraña sin que lo parezca, hay que darle tiempo a varios capítulos y tener paciencia y ganas de empaparte de ese tono. Conmigo lo han conseguido.

La vas viendo y le achacas, sobre todo, dos cosas: sus reiteraciones innecesarias y su falta de verosimilitud en algunas escenas. Sin embargo, todo eso acaba no importando: los capítulos se suceden y el misterio y su ambigüedad (en personajes y tramas) acaban por engancharte de tal manera, que necesitas saber más cosas y, finalmente, su tono cómico extraño acaba justificando sus imperfecciones o carencias. Cómo me gusta lo retorcido de la psique humana.

La trama progresa entre vuelcos y descubrimientos cada vez más ensortijados. Enganchan también su atmósfera y fotografía lóbregas, marca de la casa Shyamalan. El miedo, finalmente, no lo producen los hechos abruptos, sino esa cadencia sigilosa con la que las secuencias se van sucediendo, con la cámara deambulando por la casa empapándolo todo de misterio. Todo es tan ambiguo, que la temporada acaba muy alto: lo sobrenatural va tomando protagonismo y nada es lo que parece o sospechábamos. O sí, pero la ambigüedad de todo te deja con la inquietud. Y esto es lo que más me acaba enganchando: lo ambiguo es puro enigma, equívoco o tergiversación. Tanto en los personajes (todos), como en el argumento.

No sé qué habrán hecho con la segunda temporada, pero yo no me la pierdo. Y me pongo con ella inmediatamente.

Posdata: la muñeca Reborn que tiene mi hija en casa ha empezado a darme aún más miedo que cuando se la regalé y cada vez que paso por la puerta de su habitación y la muñeca me mira, siento tal escalofrío que no sé si sacrificarla y quitarla de en medio para siempre. Mi hija me mata si lo hago. Pero...

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