• salva-robles

"THE WHITE LOTUS"

Actualizado: ago 31


(miniserie, 6 episodios, temporada uno)


No sé si es, por ahora, la mejor serie del año. A mí, desde luego, me parece que lo es. ¿Por qué? Por la carga impresionante de mala leche que hay dentro de sus guiones, que describen al ser humano con una inteligencia y mordacidad pocas veces vista en este tipo de productos televisivos. Da igual que retrate a un grupo de nuevos ricos que se van de vacaciones a un resort tropical hawaiano, todos esos nuevos ricos retratan a la perfección al resto de los mortales (incluidos tú y yo que no tenemos un duro, pero aparentamos que nos va genial). Hay aquí dentro todo un espejo de la realidad cotidiana de ahora, esa que vemos o percibimos o leemos entre líneas por las redes sociales, en la calle, en los telediarios o en los programas telebasura de Tele 5.

Pero lo inteligente de la propuesta es cómo renueva lo disfuncional que protagoniza al siglo XXI: las pautas insanas de relacionarnos que tenemos hoy, esta serie las recoge y retrata con maestría, dándole, además, un toque de comedia negra ácida con tono thriller esperpéntico (a veces, desternillante también) y mucha, muchísima crueldad en todos y cada uno de los diálogos maravillosos que nos regalan un grupo de actores perfecto.

Es curioso porque nunca me había pasado: todos los personajes de la serie me caen mal, son despreciables, antipáticos, idiotas o, sencillamente, insufribles y ordinarios (los billetes en el banco ni te hacen más educado ni te otorgan inmunidad ante la plaga de egocentrismo, que es la peor enfermedad del siglo XXI). Y, sin embargo, a medida que iban sucediendo los episodios y yo más los despreciaba, mejor me lo pasaba y los entendía (sin justificarlos). Los imbéciles también tienen su lucha diaria en esto de la supervivencia. Ay, pobrecitos (léase con ironía y hasta mala leche, please, pero también con pena infinita: “Nadie cede sus privilegios. Eso es absurdo. Va contra la naturaleza humana: todos estamos intentando ganar el juego de la vida”, dice uno de los personajes en el episodio último). Es alucinante cómo los guiones juegan con la sátira para regalarnos, en realidad, una profundísima crítica que se ve, directamente, en los diálogos: las piruetas reflexivas que hacen los personajes para JUSTIFICAR el lugar que ocupan con cero culpabilidad por ello son, sencillamente, memorables.

La serie entreteje varias líneas temáticas y subtramas que se hilan unas con otras de manera soberbia gracias a una escritura narrativa superlativa y cargada de mensajes que van mucho más allá de lo que aparentan. Y lo más grandioso es que resulta mucho, muchísimo más sombría de lo que su ambiguo final nos regala.

Bravo. Aplausos. Me quito el sombrero. Y quiero más si la segunda temporada (que al parecer ya está pactada) va a continuar así con otros personajes y líneas temáticas.

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