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"TINTA INVISIBLE", de Javier Peña

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“TINTA INVISIBLE”, de Javier Peña

AÑO: 2024

PÁGINAS: 261

GÉNERO: ensayo

 

Me habría gustado escribir este libro porque tiene dentro todo lo que siento por los autores que amo, por las lecturas que me han marcado y, además, explica (como si fuera yo quien lo hiciera) qué es leer para los letraheridos del mundo que no podemos vivir sin leer aunque sea un párrafo de un libro cada día de nuestras vidas. Pero es que, también, este libro hace un homenaje a un padre que es el homenaje que a mí también me habría gustado hacerle a mi progenitor. Por tanto, “TINTA INVISIBLE” me interpela, me susurra en cada página, me remueve y recuerda mis milagros lectores y me vincula con todos esos autores que conozco o a los que sé que terminaré acercándome algún día (ay, esas eternas lecturas pendientes; ay, esta vida qué corta se nos hace siempre porque nos impide tener la posibilidad de leer todos los libros del mundo a los que les tenemos tantas ganas).

Qué gozada de libro es este que se ha inventado Javier Peña. Qué bien hilvanado está, cuánta observación y estudio y bibliografía ha manejado para construirlo con tanta solidez, desenvoltura y encanto mayúsculo. Y con una profundidad analítica que su aparente claridad expositiva podría hacernos creer que esto es un libro más que homenajea a la literatura. Y no, no es uno más. Qué consideración más sincera y más honda (tan llena de recovecos conocidos o por descubrir) a la escritura, a los autores o a la literatura, sin olvidarse de esos que somos incansables y agradecidos pacientes-convalecientes que buceamos entre las lecturas para poder respirar cada día mejor o más limpio o para evadirnos de la mierda de mundo que nos rodea. Si leer es belleza, si muchos de los libros que leemos son belleza, si tantos autores bellos nos regalan belleza constantemente, este “TINTA INVISIBLE” es BELLEZA CON MAYÚSCULAS. Uno entra en él y empieza a sonreír, a notar cosquilleos, a asentir. Y así lo mismo en cada página, en todas y cada una de las 261 que tiene este tomo. No le sobra ni una; es más, yo no quería que se acabara. Libros así no deberían tener jamás una última página.

Y luego está esa cosa inmensa que tiene “TINTA INVISIBLE”, la de abrazar la ternura (convirtiéndola en algo que es de verdad y el libro nos lo grita todo el rato), o la limpieza de espíritu en una narrativa que mana sinceridad a borbotones, o la clarividencia de unas ideas que surgen en la cabeza y se convierten en contexto palpable entre las páginas. Creo que aquí se ha logrado algo que los escritores persiguen y que no alcanzan casi nunca: escribir justo lo que había en su mente. Intención y resultado coinciden, estoy seguro. Y si Javier Peña no lo piensa así (por aquello de que no se puede evitar la autoexigencia, además de que los escritores son inseguros por naturaleza), ya se lo digo yo: tío, lo has conseguido. Esto que has parido es beldad extraordinaria. Y hay que agradecérselo a Javier, claro. Gracias por tu mirada, por tu prosa poderosa capaz de traspasar el milagro para ser otro milagro: el de construir hermosa literatura desde la literatura misma. 

Pero este libro es más aún: hay un padre que se muere y un hijo que se está despidiendo de él. Y entonces la SINCERIDAD nos rebota en la conciencia, en las emociones y…¡pumba!, Javier Peña nos grita que la literatura no es solo placer o aventura y regocijo; la literatura sirve también para consolar, para fortalecernos y reanimarnos cuando la vida da sus zarpazos. Y sí, esta parte, que se ensambla con la otra de manera mágica y hasta acertada, nos regala a los lectores un compendio de anécdotas literarias, pero también un mosaico de reminiscencias que adoptan las formas de ese tipo de recuerdos que nos arropan y reaniman, que nos levantan y nos permiten aceptar lo inevitable: los que nos preceden, los que nos regalaron un puñado de genes, se van y nos dejan huérfanos. Y sí, un poquito más solos, además.

Este libro es, en definitiva, un ensayo literario (¿deberíamos hablar de híbrido entre memorias y ensayo?) y por eso nos habla de lo mentirosos que son los escritores (benditas mentiras), de sus egos, de sus manías, de sus bloqueos, de los miedos infinitos a tantas cosas (página en blanco, sentirse un impostor), de sus secretos y esperanzas, de sus idas de olla, de sus aciertos; también nos habla de libros emblemáticos, inmortales, de clásicos espontáneos o de siempre, de editores locos que están sembrados, de dificultades a la hora de publicar, de…tantas cosas. Es inmensa la nómina de escritores que aparecen en “TINTA INVISIBLE”. Y mientras lo hace, se cuelan (intencionadamente) las páginas que se impregnan de los secretos (cuánto pudor hay también en este libro), de los silencios, de las peleas y reconciliaciones entre padres e hijos, de las enfermedades, de la vejez, del paso del tiempo y…del poder curativo y transformador que tiene la literatura, finalmente.

Sí, este libro lo quería escribir yo. Pero Javier Peña me ha regalado la oportunidad de leerlo y disfrutarlo. Y ya es mío (ese ejemplar que hoy es uno más en mi biblioteca) para siempre.

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